Brasil lucha contra el estigma del “Maracanazo”

Nunca ningún equipo europeo ha ganado el Mundial en América. Pero tampoco lo han ganado en casa Brasil, Chile, México o Estados Unidos. Sí lo hicieron Uruguay, en 1930 y Argentina en 1978. Las estadísticas no son dogmas de fe y si los brasileños aún lamentan el “Maracanazo”, historia dramática que ha pasado de padres a hijos y nietos, ello no invalida las opciones de ganar el campeonato de la misma manera que hicieron con la Copa Confederaciones. Es más, en la segunda ocasión en que se pudo dar el “Maracanazo”, en 1991, en Copa América, yo estaba allí, no se repitió la historia. Brasil derrotó a Uruguay.

La historia está llena de datos estadísticos que sólo deben contar para relatos cortos. Por ejemplo, sólo Brasil ha ganado dos campeonatos consecutivos 58 en Suecia y 62 en Chile. Este presunto argumento que se lanza contra España no debe tomarse en cuenta. España ha triunfado en dos Eurocopas consecutivas y en medio ha sido campeona Mundial. Tampoco ninguna selección europea ha logrado tal hazaña.

Del Mundial que va a comenzar, forzosamente, hay que pensar en que Brasil tiene grandes posibilidades de ganar. Jugará arropado y cuenta con grandes jugadores. Sin embargo, no hay brasileños que puedan afirmar que el conjunto actual es superior a campeonatos anteriores. Ni siquiera Neymar se acerca a Gerson, Sócrates, Zico, Rivelinho, Tostao, Garrincha, Didí o Pelé.

El ex presidente brasileño, Lula da Silva, ha sentenciado que en Brasil se ha acabado “el jogo bonito”. El ex mandatario opina, como muchos de los grandes técnicos, aficionados y periodistas, que achacan a la emigración la pérdida de las raíces.

Los jugadores brasileños que juegan en Europa han ganado velocidad porque la preparación física es distinta. Se juega con más músculo y todo futbolista tiene siempre el aliento en la nuca de un contrario que le marca y cuando se deshace de su presencia se topa con otro que le espera.

Muchos jugadores de aquél país han fracasado porque no se han habituado a jugar corriendo. Ahora, todos saben que lo físico, muchas veces, difumina lo artístico. La selección española, que ha podido significar en Europa con su tiqui-taca el “jogo bonito”, no ha podido ganar cuando no ha impuesto velocidad. El pase corto da para no correr. Pero no siempre garantiza el triunfo.

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