Las primas de la selección, escándalo vergonzante

La selección española de fútbol tiene el mérito de haber proporcionado grandes emociones con sus triunfos. Ahora, en Brasil, no está obligada a reeditar el título y por encima de los resultados que serán aguardados con notable ansiedad, la sociedad española está escandalizada por la anunciada prima de 720.000 euros por cabeza si se gana de nuevo el Mundial. Hace cuatro años el premio fue de 600.000, pero la cifra no salió a la luz pública y la conquista de la Copa del Mundo sirvió para que en muchos estamentos ni se mentara el asunto de la escandalosa dotación.

Muchos colegas, algunos con clara tendencia al panegirismo, han tratado de edulcorar la cuestión con el argumento de que el dinero no sale de las arcas del Estado porque la Federación Española de Fútbol hace tiempo que renunció a las dotaciones del Consejo Superior de Deportes. Para colmo, ha habido quienes han querido justificar el asunto diciendo que el ministerio de Hacienda se llevará la mitad del dinero. O sea que al final casi hablamos de benefactores.

A la hora de defender lo que a la sociedad civil le parece indefendible hay quien echa mano de argumentos de oído, de citas sin justificación palpable. Hay quien asegura que los jugadores ejercen labores benefactoras con donaciones a oenegés y sociedades dedicadas a diversos menesteres sociales.

Los futbolistas de la selección nacional no son precisamente los menos favorecidos en el negocio del fútbol. Todos cuentan con contratos millonarios y por ello sumar a ellos cantidad tan desorbitada como la anunciada crea malestar en la ciudadanía.

No ha sido acertada la decisión federativa. Se habría dulcificado la cuestión si al tiempo se hubiera dicho que los jugadores destinaban parte de tales emolumentos a entidades de carácter benéfico, cultural o científico. En una España en que se pide que haya colegios que mantengan el comedor durante el verano para que puedan comer los niños más desamparados, en un país en el que hay tantas familias que sólo pueden malvivir de la caridad, 720.000 euros de primas es grave ofensa.

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