La placenta hizo efecto

La placenta de yegua no hizo gran efecto inmediato porque Diego Costa no pudo acabar la final de Liga de Campeones. Sin embargo, a medio plazo, es decir, dentro de los proyectos de la selección, parece que ha sido beneficiosa. Diego Costa se ha entrenado con normalidad, ha marcado goles y ha creado optimismo dentro del grupo. Las declaraciones de algunos jugadores rezuman satisfacción. Entre los propios seleccionados parece que existe conciencia de que el hispanobrasileño es jugador con grandes perspectivas. De momento, se le acomoda en el juego con Pedro lo que hace suponer que tanto como tiqui-taca habrá juego más vertical, contragolpe rápido, para que Costa pueda lucir sus condiciones de delantero.

Se corrió gran riesgo adjudicándole plaza para Brasil, aunque siempre quedaba el recurso de última hora de suplirle si se confirmaba lesión que impidiera su participación mundialista. Si las pruebas en los entrenamientos se trasladan a los partidos significará que habrá “plan B”, que todo no se pondrá a disposición del toque.

La selección de Diego Costa, Torres y Villa, obliga a jugar con delanteros auténticos. Lo del falso 9 con Cesc para que enlace con Xavi, Silva e Iniesta, está muy visto, aunque suele ser brillante y hasta efectivo pese a que produzca pocos goles. Los equipos contrarios saben de memoria el modo de impedir que los artistas lleguen al área con el balón dominado. Le ha ocurrido al Barcelona en los últimos tramos de temporada. Luchar contra líneas Maginot exige rapidez en el pase y velocidad en su conducción. Al trotecito lento los adversarios se multiplican. Con Juanfran, Azpilicueta y Jordi Alba por las bandas, será posible abrir el campo y ello favorecerá las acciones de Pedro y Costa.

Independientemente de las tácticas y estrategias, en la concentración se ha recuperado la alegría. La preocupación por el estado general de los componentes de la lista, está dando paso a la mirada esperanzadora.

La selección puede ejercer de bálsamo en un país con tantos valores malbaratados. La prima de 720.000 euros por ganar la Copa del Mundo tiene efectos contrarios. Tales dineros son un insulto. Resulta demasiado caro el patriotismo futbolístico.

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