El temido Bayern, humillado en su campo

Karl Heinz Rumennigge había pronosticado que en  la vuelta arderían los bosques muniqueses. No hubo tal porque al Allianz Arena llegó un experimentado cuerpo de bomberos que con cuatro manguerazos dejó el estadio muniqués sin llamas, pero eso sí, en cenizas. El actual campeón de Europa fue vencido y humillado en casa. No pudo ni siquiera marcar el gol del honor porque enfrente tuvo al mejor Madrid de la temporada. Pletórico en defensa, espléndido en ataque, magnífico en el orden y solidario en todo momento. Dicho a la pata la llana, un baño. Guardiola quedó a los pies de los caballos.

Nadie quería al Bayern como adversario y el Madrid se lo merendó. Del Madrid habrá quien diga que jugó como equipo temeroso que se defiende al contragolpe. Franz Beckenbauer no dirá lo mismo porque ya advirtió de que el juego de toque que quiso imponer Pep Guardiola en esta eliminatoria no es de su agrado. No lo puede ser porque el mismo sistema en los dos grandes compromisos anteriores, frente al City y el Arsenal, ya sufrió dos contratiempos. El del Bernabéu fue más que un síntoma. Cualquiera que considere que el equipo muniqués posee condiciones excelsas para ganar la Liga de Campeones, tendrá que reconocer que contra el Madrid equivocó su fórmula.

Guardiola debió pensar que para evitar que el Madrid luciera sus armas de rápido contragolpe lo principal era poseer la pelota y evitar con ello que Bale, Benzema y Cristiano pudieran llegar a las proximidades del área de Neuer, quien tuvo que hacer un par de salidas para jugar el balón como improvisado defensa y en ambos casos hubo ocasión de gol para el Madrid. Fue inútil. La rapidez destruyó la parsimonia. El fútbol directo derrotó a la elaboración empalagosa.

El Madrid se atrincheró bien cuando tuvo que defenderse y montó el contraataque sin pensarlo. Dio la impresión de que sus jugadores lo hacían de memoria. Y por si faltaba algo, las entradas en los dominios de Neuer eran siempre peligro de gol. Llegó el primero en cabezazo de Sergio Ramos. También con la testa marcó el segundo y Cristiano remató la función del primer tiempo en jugada en que la defensa muniquesa quedó descentrada. El libre directo de los minutos finales firmó la hazaña.

La primera diana llegó a los dieciséis minutos y cuatro después, la segunda. El Bayern perdió el oremus con prontitud. El marcador y la casi imposible llegada a la final produjo algún rifirrafe producto de la impotencia.

Hasta el final, el Bayern insistió en buscar el gol con pasecitos, sin profundidad. Los balones centrados desde la bandas tropezaron con una defensa lúcida, rápida, bien colocada y expeditiva. La ‘Décima’ ya no es vana ilusión.