El Atlético, más líder

La Liga, según todos los pronósticos era cosa de dos. Con los idus de marzo estuvo a punto de confirmarse. Lo que no estaba previsto era que en el dúo no estuviera el Barcelona. El Madrid ganó el sábado a Osasuna y mantuvo su apuesta al título. Venció el Atlético en Mestalla y aumentó sus posibilidades porque de los tres partidos que quedan al torneo le bastan dos para ser campeón. Con ellos no dependería de otros resultados con los que también podría contar caso de que pinchara. Todos los pronunciamientos le son favorables.

El Barça, derrotado en casa contra el Valencia y casi humillado en Valladolid y Granada, acudió a Villarreal a jugar la baza de la ilusión. La fortuna, por dos goles villarrealenses en propia meta, le llevó a la victoria. Inmerecida porque volvió a mostrar su precariedad para el gol. De nuevo el tanto del triunfo fue de Messi.

El Madrigal le dedicó un cariñoso homenaje a Tito Vilanova. El club cambió su música para estos casos, la “Lágrima” de Francisco Tárrega, villarrealense, por “El cant del ocells” de Pau Casals. La guitarra, por el violonchelo. Y los futbolistas amarillos lucieron una camiseta con el lema catalán de “per sempre Tito”. Luego hubo que jugar y el marcador se puso 2-0 con tantos de Cani y Trigueros. Luego Gabriel y Musacchio batieron a su portero. Y encima se le lesionaron Pina y Perbet.

La Liga casi está en manos del Atlético. El Madrid aún podrá seguir aguardando el fallo del cuadro colchonero. El Barça, a falta de tres partidos, necesitaría más de un milagro. En El Madrigal ya lo tuvo y en el cupo no deben entrar tantos.

La muerte de Tito Vilanova ha sido dolor del fútbol nacional. Tito fue entrenador que participó en los grandes éxitos del Barcelona, como segundo de Guardiola primero, y número uno en el banquillo después, y siempre prefirió el segundo plano. Ni siquiera quiso sacar ventaja tras aquella indignante reacción del maleducado Mourinho que le metió un dedo en un ojo.

Vilanova ha sido ejemplo como técnico. Siempre existió la sospecha de que las grandes orientaciones tácticas del equipo eran más suyas que de Guardiola y ello se constató cuando sólo ante el peligro mantuvo las raíces del club, porque dio entrada a la cantera y mantuvo el orden de juego por encima de todo.

Se ha ido un hombre bueno. Y un modelo de lucha contra la adversidad. La enfermedad no lo desanimó. Las recaídas no le hicieron aparecer vencido.

El fútbol español le ha guardado el debido respeto y, fundamentalmente, más por su condición humana que por su carácter de entrenador de gran club. En todos los campos ha habido minutos de silencio y todos los equipos, excepto el Athletic Club, han llevado brazaletes negros. Tampoco lo hicieron con el fallecimiento de Luís Aragonés. En estos casos también me pregunto siempre las razones por las cuales en el luto nacional del fútbol no participan los árbitros.