En el Calderón, héroes contra villanos

“Se busca antiguo jugador número uno del fútbol perdido en las orillas del río Manzanares”. A cambio ha sido encontrado un equipo de once titanes, que han hecho del recinto deportivo en el que juegan un templo para ejemplo de lo que debe ser el fútbol. El Atlético eliminó al Barcelona tras noventa minutos de esfuerzo continuo de presión constante, de claridad de ideas con respecto a la labor que había que desempeñar. Por el contrario, delante hubo un conjunto que ha perdido el cincuenta por ciento de sus grandes cualidades y con ello está dando fin al guardiolismo. Su juego es demasiado previsible y con el actual entrenador se ha perdido contacto con las raíces y se han cometido errores de bulto a la hora de confeccionar los equipos.

El Barça no ha respondido a lo que se esperaba, aunque lo que sucede en los campos de fútbol deber repartirse proporcionalmente entre los dos contendientes. Si el Barça ha estado al treinta por ciento de sus posibilidades ello ha sido porque el Atlético ha estado al setenta.

El Atlético ha hecho un ejemplar ejercicio de juego colectivo, de solidaridad del portero al último delantero, de permanente ilusión,  de lucha hasta la extenuación. El equipo madrileño ha sido la estampa conocida de lo que ha sido durante toda la temporada. Marcelino, entrenador del Villarreal, dijo el domingo que el Atlético es hoy el mejor equipo de España y entendida la palabra como conjunto es realidad palpable.

Simeone planteó el partido a base de sacrificio general, de presión para que el Barça no pudiera manejar la pelota. Cada barcelonista tenía encima dos contrarios y Messi hasta tres. Los colchoneros se multiplicaban porque su victoria residía en impedir que el adversario pudiera imponer sus maneras.

Si del Atlético cabe calificar con sobresaliente a todos sus jugadores, en el cuadro barcelonés resulta complicado conceder el aprobado a más de uno.  Si Simeone supo lo que se jugaba, Martino insistió en los errores. Relevar a Iniesta, uno de los pocos que en un instante podría deslumbrar, es para que la afición se lo reproche. Mantener a Alexis antes que contar con Pedro es postura obtusa. Y Neymar sigue sin demostrar el valor de sus cien millones. Lo he dicho alguna vez y los repito: es pintor de bocetos. Nunca acaba el cuadro.

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