Semifinales tras inmenso estrés

No hubo sangre, ni lágrimas, pero si mucho sudor. Hubo derrota sufrida, aunque finalmente celebrada porque se consiguió el objetivo de llegar a semifinales. Estaba previsto un paso más o menos tranquilo por Dortmund y el padecimiento llegó a extremos impensables. Si Nikhitaryan hubiera aprovechado aquellos balones que pusieron en sus botas y que eran remedo de las famosas carambolas de Fernando VII “El felón” estaríamos hablando de la mayor desilusión de los últimos lustros.

El Madrid necesitaba tomarse la revancha de la pasada edición del torneo europeo en la que cayó frente al mismo Borussia. La facilidad con que se impuso en el Bernabéu hacía presumir tránsito placentero. No ocurrió tal porque el Madrid aunque comenzó con la idea de sujetar al Borussia se topó con que perdió pronto el balón y se vio sometido a los constantes ataques. El primer gol llegó en error colectivo incluido Casillas. El segundo obra también de Reus llegó antes del descanso y fue consecuencia de cuanto había sido impensable.

Los tres atacantes y los centrocampistas dejaron un hueco en el centro del campo y los anfitriones mandaron y estuvieron a punto de poner la eliminatoria a su favor. No aprovechar las ocasiones frente al Madrid es condenarse. En la segunda mitad, el equipo madrileño, salió con mejor ánimo aunque el equilibrio el duró poco. Jugó más colectivamente y pese a ello el entrenador acabó tomando precauciones porque se temía lo peor, Salió del campo Illarramendi por Isco y luego Di María dejó su plaza a Casemiro. La incorporación de ambos jóvenes se notó. El malagueño dio más peso al centro del campo y el brasileño contribuyó a frenar a los alemanes.

Pudo marcar Benzema y la intervención de Weindenfeller lo evitó. Por el contrario Casillas se reivindicó con dos paradas y el marcador se contuvo. El final, sin embargo, fue angustioso. Cierto que el Madrid en dos contragolpes con el Borussia volcado en ataque también pudo haber puesto punto final al litigio y no lo hizo. Los errores en ataque de los germanos posibilitaron la vuelta feliz a casa. Di María falló el generoso penalti pitado por el esloveno Skorpina. Lo paró Weindenfeller. Tal vez si hubiera habido diana el juego habría cambiado. Sin el tanto, el Madrid jugó siempre al borde del abismo y con tremendo estrés.

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