Diego López, con su soledad a solas

La soledad entre ochenta mil espectadores debe ser la más angustiosa de las soledades. Diego López, portero del Real Madrid, padece la animadversión del madridismo, salvo la de quienes lo mantienen en la titularidad. El Bernabéu no ha digerido bien las dos derrotas consecutivas del equipo que le han privado del liderato y ha comenzado a buscar culpables. El primero, el guardameta que nunca ha tenido quien le escribiera. Su titularidad ha sido contestada desde el primer día. Ha sido considerado el intruso que llegó a postergar a Iker Casillas, el ídolo de la casa. En el Bernabéu, Diego vive con su soledad a solas.

El Madrid venció al Rayo con goleada, pero ello no calmó los ánimos de los madridistas que mostraron su malhumor. Lo impensado, la inexplicable, lo sorprendente fue que los pitos fueran desde portería a delantera y alcanzaran a Cristiano. El himno madridista, el de verdad, el que se sabe la parroquia, el de “las mocitas madrileñas” dice que “cuando pierden dan la mano” y por lo visto el sábado se constata que el madridismo no sabe perder.

Lo ocurrido ante el Barcelona fue duro. Sin embargo, ello podría haber pasado como un accidente más si no hubiera llegado la posterior derrota en Sevilla. Es lógico que los socios estén un tanto frustrados por ver que su equipo no domina la Liga como era de esperar después de haber reforzado la plantilla con gentes de garantías. Este era año en el que el Madrid tenía razones sobradas para aspirar a ganar los tres torneos en que participa. No ha perdido todavía ninguno de ellos y quizá ha habido impaciencia con las censuras al equipo.

El Madrid había comenzado a entusiasmar a los suyos porque además de triunfos practicaba el futbol de “excelencia” que se reclamaba desde hace varios años. Al final resulta que el entrenador confiesa que tiene equipo para jugar al contragolpe, en el que es letal, mejor que para el juego de toque que se ha envidiado por los éxitos barcelonistas.

El Madrid está tras Atlético y Barça y no debe ser descartado. El equipo necesita mejor comunión con los seguidores. Ha habido fallos en el conjunto, pero el mayor responsable de ellos no ha sido el guardameta. Es injusto decir que algunos goles encajados los habría evitado Casillas. Diego López merece el mayor de los respetos. Se sabe despreciado por los suyos y, sin embargo, mantiene el tipo y trata de mantener la serenidad que en las circunstancias en que se desenvuelve tiene gran mérito.