El clásico, clásico en todo

El clásico lo fue con todas sus consecuencias. Ninguno de los argumentos clásicos quedó al margen. Siete goles son síntoma de encuentro jugado de poder a poder. Tres penaltis es norma que señala hasta qué punto llegaron las delanteras a las áreas contrarias. Tres penaltis, son, además, motivo de la tradicional polémica. Casi siempre hay motivos para reclamar injusticias arbitrales, pero en esta ocasión los madridistas yerran acogiéndose a las decisiones de Undiano Mallenco. Examinadas todas las jugadas discutibles salió beneficiado. De entrada, porque el penalti con que se vio favorecido supuso ventaja en el marcador cuando el partido iba ya en la segunda mitad.

Al madridismo le convendría examinar dos cuestiones fundamentales: la alineación de Ancelotti y la actuación de algunos jugadores. Perdió el Madrid la batalla en el centro del campo porque Martino prefirió colocar cuatro hombres en la zona, cuatro futbolistas con capacidad para manejar el balón con precisión. Modric, tan ejemplar muchas veces, no brilló suficientemente y Xabi Alonso no pareció el eficaz en la destrucción y el pase largo de otras veces. Bale y Cristiano fueron estrellas fugaces y Di María, tan discutido hasta hace poco, fue pieza clave en los goles de Benzema y, sobre todo, en la creación de las mejores oportunidades de gol.

El Barça también se perdió en algunos momentos, aunque en general mandó más. Messi, tan irregular en los últimos tiempos, aprovechó el partido para sentar plaza de número uno. Lo fue no por los tres goles que marcó, dos de ellos de penalti, sin por la confusión que creó en la zaga madridista. No estuvo siempre con la batuta atacante en los pies, pero fue decisivo en los momentos cruciales.

La Liga no está decidida aunque estén tan juntos los tres aspirantes. Probablemente, el campeonato se decidirá en los partidos que han de disputar fuera de sus recintos. El Madrid tiene esta semana la primera prueba de fuego en el Sánchez Pizjuán frente al Sevilla.