El Comité de Competición se cisca en los valores humanos

Los dirigentes del fútbol, en general, se ciscan en los aficionados en cuanto tienen ocasión. De los miembros de los comités que juzgan hechos futbolísticos deberíamos ciscarnos todos cuantos seguimos de cerca los acontecimientos semanales de este deporte. Los reglamentos sancionadores deberían ser modificados con la intención de que todos fuéramos iguales ante la ley. De acuerdo con lo que se ve cada semana, algunos son más iguales que otros.

Cuando un árbitro o juez de línea recibe el impacto de un mechero o similar puede interpretar a un actor dramático para que al club se le condene de forma extraordinario. Si quien recibe el mecherazo es un futbolista, en el caso concreto de Cristiano Ronaldo, el castigo al Atlético queda en 600 euros. Un jugador del Jaén, Jona, tuvo el domingo la por lo visto peregrina idea de solidarizarse con los niños enfermos de cáncer, en día que, además, estaba dedicado a ellos y le han caído 2.000 euros de multa.

Jona se levantó la camiseta oficial para mostrar la que llevaba debajo. Su intención era dedicarle un recuerdo a Paula, una muchacha de 14 años que necesita un trasplante de médula y había acudido al estadio a presenciar el encuentro. El “ánimo pequeñines” le ha importado un bledo a los miembros del Comité de Competición, que como queda demostrado, no acudieron a clase el día en que se habló de la literalidad del artículo del reglamento y el espíritu del mismo.

Sancionar al jugador del Jaén por este acto es para mandarles a tomar vientos. Es increíble que se castigue a un jugador por un hecho en el que ha demostrado, simple y llanamente calidad humana.

Al Villarreal por un acto terrorista, que nada tiene que ver con el lanzamiento habitual de bengalas quieren castigarle con 4.000 euros. El Comité Antiviolencia que lo propone, no ha tenido en cuenta que el bote de gases lacrimógenos no se vende en España es producto propiamente militar y hay que aguardar todavía a comprobar qué clase de individuo fue quien causó un despropósito, que gracias al mantenimiento de la serenidad de los miles de espectadores, no hubo desgracias personales que tal vez era lo que pretendía el borrico que lanzó el artilugio.

Culpar al club por la entrada de tal bote en el estadio es una memez. Para evitarlo habría que cachear a miles de espectadores cada tarde en todos los estadios y ello no parece posible. En época invernal un bote de tales características se puede llevar debajo de la gabardina sin que se note. En El Madrigal se vigilan los bolsos de las señoras, no se permite la venta de botellas de vidrio y las de agua se entrega sin tapón. Como en todos los campos españoles se toman las medidas racionales. Me gustaría ver la cara de los miembros de los comités sancionadores si a la entrada de un recinto deportivo se les palpara.

De acuerdo con lo que piensan los jueces del fútbol va a ser necesario cachear en cines, teatros y toda clase de espectáculos. Pero si la condena al Villarreal es injusta lo del jugador del Jaén es una humillación a todas las familias españolas que tienen la desgracia de contar en casa con un enfermito de cáncer. Como dirían Cela y Labordeta, “váyanse a la mierda, gilipollas”.