La Liga española, regida por dos leyes

No hay Liga más anómala que la española. Que en Bruselas saltaran las alarmas hace unos años, y el escándalo se haya publicitado ahora, no debe sorprender. El campeonato nacional lo disputan dieciséis sociedades anónimas y cuatro clubes deportivos. Para los primeros rige una ley. Para los segundos, otra muy distinta que, además, no se aplica nunca. Los dirigentes de las sociedades anónimas han de procurar los dineros necesarios para que la sociedad perviva. Los presidentes de los clubes, presentan avales para aspirar a la misma y cuando se marchan lo hacen de rositas. El aval con el que deberían pagar los números rojos no se les ha exigido más que en una ocasión y ha sido en el caso del barcelonista Joan Laporta y el asunto sigue en el Tribunal Supremo.

En Primera División, la mitad de las entidades carecen de estadio propio. Es el municipio el que les concede abrigo. En los casos en que se exige canon de arrendamiento suele ser simbólico. Hay algún caso en que paga un euro anual. Encima, cuando hay que hacer obras estas corren por cuenta del ayuntamiento. Es decir, que lo pagan todos los ciudadanos aunque no sean partidarios del fútbol, ni del equipo que lo disfruta.

En España hemos vivido años de maná televisivo y ha habido quienes se han visto más favorecidos porque han contado con cadenas regionales que les han prestado su apoyo y otorgado pingües contratos.

En muchas ciudades, los ayuntamientos han concedido permisos para obras a los propietarios dotándoles de una recalificación que aumentara el valor de los terrenos a vender. También se han permitido proyectos por encima de lo autorizado y tampoco nadie ha puesto pies en pared. La Esquina del Bernabéu sirvió para que Ramón Mendoza, entonces presidente del Real Madrid, dijera en una asamblea que se había construido por encima de lo concedido y que habían engañado al Ayuntamiento. José María Álvarez el Manzano, entonces alcalde, protestó pero todo quedó en nada.

En el fútbol español y sobre todo en el caso de determinados clubes, es casi imposible que los partidos políticos protesten por alguna concesión. Todos saben que detrás de los colores están los votos.