Guinea quiso ganar aunque fuera a palos

Afortunadamente, el partido era amistoso. Con otra denominación, con el objetivo de vencer en competición oficial, la selección española habría regresado diezmada. La de Guinea Ecuatorial, hecha de retales, con tres jugadores nacidos en el país y el resto cooptado entre nacionalizados, como el camerunés Fidjeu, además de futbolistas nacidos en España y algunos enrolados en clubes de nuestras ligas, se tomó como obligación vencer aunque fuera por lo criminal más que por lo civil como dice el tópico.

Del Bosque alineó un equipo con oportunidades y reservó a algunos de los mejores para el encuentro de Suráfrica. Ganar costó tanto que llegó a alienar a Busquets, porque a Xabi Alonso casi le parten un tobillo y a Iniesta y Villa para que hacia el final no peligrara la victoria.

Los guineanos salieron a dar el máximo rendimiento y en ello no repararon en gastos. El afortunado gol de Cazorla, tras el fallo del guardameta, hubo cierta relajación y tras las entradas de Fidjeu, que no fue el único en entrar de manera violenta, hubo reservas mentales. Algunos consideraron que no merecía la pena arriesgar cuando la victoria no se debía escapar. El tanto de Bermúdez, en el saque de córner dio a entender aquello de Luis Aragonés de que todo el mundo sabe hacer relojes. El gran capitán de Uruguay, Obdulio Varela, quien ante equipos considerados inferiores siempre decía que había que ganar porque eran japoneses se habría topado con que ya no los hay al estilo de su definición. Hasta jugadores de Tercera División, como los ecuatoguineanos pueden crear problemas. Demasiados incluso. Reina pasó por más de un apuro y habría bastado la mínima puntería para que el resultado hubiera sido distinto.

El partido debía servir para hacer pruebas y fue satisfactoria la de Bartra e Iñigo Martínez en el centro de la defensa, la constatación de que Juanfran es mejor lateral derecho que Arbeloa y que el sevillista Alberto Moreno le discutirá seriamente el puesto a Jordi Alba cuando éste pueda regresar a la selección.

El presidente Teodoro Obiang no acudió al estadio a hacerse la foto que le diera gloria. Fue el único dato positivo de un partido que nunca debió celebrarse pese a que desde el Gobierno se viera con complacencia. El fútbol, una vez más, ha sido utilizado políticamente, pero ello no es novedad. Está en la historia del mismo y Obiang no ha sido el único dictador que se ha podido beneficiar. Hitler y Mussolini y Videla, por poner unos ejemplos, estuvieron en palcos triunfadores. Como Franco en la Eurocopa del 64, en el Bernabéu.

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