La Roja, embajadora oficial en Guinea

Era inevitable que en España hubiera polémica con motivo del partido que la selección española de fútbol se comprometió a disputar en Guinea Ecuatorial. Era evidente que un acto como este tenía que servir para mayor gloria del dictador Teodoro Obiang. Cuando se anunció la celebración del viaje de La Roja a Malabo pregunté qué tenía que decir el ministro de Asuntos Exteriores, García Margallo. No me cuadraba que la selección aceptara un bolo de este tipo, encima sin cobrar, si no había complacencia del Gobierno. Me parecía exagerado que el presidente federativo Ángel María Villar hubiera tomado decisión tan discutible sin que existiera bendición oficial.

Ayer ya se anunció que, por vez primera en muchos años, iba a viajar a Guinea un alto cargo del Gobierno. Es tanto como el principio de la embajada deportiva. Varios partidos políticos se han preguntado por este extraño comportamiento. Villar es hombre que aspira a presidir la UEFA y trata de encontrar votos en cualquier lugar. No es el caso guineano que no tiene voz ni voto en Europa. El partido es viaje de buena voluntad.

El deporte ha servido en muchas ocasiones para destensar una relación complicada. Famosa fue la conocida diplomacia del ping-pong que comenzó Estados Unidos con China. España también participó en aquella campaña y envió a Pekín a la selección de baloncesto.

Ahora toca el fútbol. Las relaciones con Guinea Ecuatorial han sido durante el mandato de Obiang muy conflictivas. Con La Roja se le complace. Ha prometido cinco millones de prima a su equipo si vence. La victoria política la tiene asegurada desde el momento en que el equipo nacional español pise tierra guineana. El fútbol le sirve para darse pote. Nada menos que ha conseguido a la campeona del mundo. La oposición del país, tan minimizada y perseguida, entiende el partido como un trágala. El fútbol español bendice a un dictador como hizo con Videla al participar en el Mundial del 78, o los partidos de los años cuarenta con los equipos de Hitler y Mussolini. Claro que Europa también aceptó la fase final de la Eurocopa de Naciones del 64 con Franco en el palco presidencial

Fernando María de Castilla dijo en cierta ocasión que el Real Madrid había sido su mejor embajador. No sé si García Margallo podrá decir lo mismo de La Roja.

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