El deporte español, enfermo de gravedad

El deporte español padece una serie de enfermedades desde hace unos años. Las recientes desapariciones de clubes de fútbol y el balonmano del Atlético de Madrid han alarmado. La gangrena estaba atacando, desde hace años, las partes vitales del cuerpo deportivo y había muchas gentes mirando hacia otro lado. Han sido tantas las ocasiones en que he relatado los problemas económicos, las deudas con Hacienda y Seguridad Social, además de proveedores y jugadores, que he llegado a sentirme reiterativo. Lo que está ocurriendo estos días se veía venir.

No es nuevo que haya desaparecido la Unión Salamanca. Ya hubo casos de clubes de Segunda B y Tercera, que incluso se retiraron de la competición. El Ros Casares, equipo de baloncesto femenino, con grandes éxitos nacionales e internacionales, dejó de existir y ello fue síntoma de lo que se avecinaba.

El deporte español no puede sostenerse con las actuales estructuras. El fútbol es ruinoso y encima, en algunos casos carga con la protección de otros deportes. El Atlético ha tenido que prescindir del balonmano porque su economía es insostenible. El club poseyó hace años un equipo importante nacional e internacionalmente y lo tuvo que abandonar. Recogió como pesada carga el club de Ciudad Real, que iba a desaparecer, y no lo ha podido sostener.

Los deportes españoles del fútbol abajo no hay ninguno con economía sostenible. Se han estructurado en divisiones al modo del fútbol y han creído que podían alcanzar potencialidad publicitaria de primer orden. Las fichas del baloncesto masculino no entran en el capítulo de posible. Todas las disciplinas están sobrevaloradas y de ahí que entren en bancarrota.

La publicidad ya no es el patrocinio salvador. Tampoco se puede recurrir ahora a las administraciones públicas. Un gran equipo de ciclismo, el Euskaltel Euzkadi, probablemente, desparecerá la próxima temporada al faltarle el maná de lo público.

El Consejo Superior de Deportes está tratando de ordenar el fútbol. Con la anuencia de la Liga de Fútbol Profesional se controlan los presupuestos y se obliga a adecuarlos a las auténticas posibilidades de ingresos. El sistema ha logrado que los clubes resten millones de las deudas con Hacienda, pero ello es insuficiente.

Todo el deporte debe constreñirse a la realidad. Ahora mismo aún no sabemos qué clubes van a componer la Segunda B y hay dudas sobre la existencia de alguno de Segunda A. Y naturalmente hay más de uno de Primera que está con la soga al cuello. Si esto sucede en el fútbol hay que ir pensando en la catástrofe que amenaza a las demás disciplinas.