Florentino no puede apoyar a Don Niní

José Mourinho Don Niní (ni Liga, ni Europa, ni copa del Rey) ha ejercido de disolvente. En todas las parcelas del Real Madrid ha tenido intervenciones funestas. Erróneamente, se la concedió excesivo mando y con ello quiso hacer un club a su antojo. No hubo estamento por el que no pasara como el caballo de Atila. Desde los médicos a los demás empleados del club, ha metido mano para echar a gente. Empezó con Jorge Valdano y a partir de ese momento ya no se paró en ir disparando ráfagas contra todos los rincones.

Sus actitudes dictatoriales, basadas en su concepción de mando único, ha llevado a la entidad a padecer sus excesos, a crear mal ambiente en todo el país, y lo que es peor, a tolerar un estilo pendenciero con sus arremetidas contra cuantos han tenido la osadía de discrepar.

Florentino Pérez, que creía que no se debía comprometer en materia deportiva, tuvo que tragar con fichajes infructuosos y en ninguneos a determinados jugadores. Su afición al castigo ha llegado a la osadía de condenar a Casillas y hacerlo sin argumentos deportivos. Primero lo quiso suplir por Adán y después tuvo la desfachatez de dejar constancia de que en ello había castigo y no decisión técnica que, naturalmente, no podía justificar. Castigó a Sergio Ramos, lo ha hecho últimamente con Pepe y su ensañamiento con el capitán llegó al extremo de afirmar que había querido fichar a Diego López dos años antes.

La división no ha sido sólo la que se ha visto con las manifestaciones de algunos jugadores. Dentro del club también han existido discrepancias sobre sus actitudes. En el Madrid nadie quiere a Mourinho. Directivos y jugadores no aceptarían un año más al entrenador. Los capitanes ya se lo manifestaron al presidente hace tiempo. Las derrotas en Liga, Liga de Campeones y Copa del Rey han profundizado las diferencias.

Florentino Pérez ha tratado de defender al entrenador en momentos cruciales pensando en que ello beneficiaría al equipo. El tiempo ha dado la razón a quienes han deplorado su falta de estilo, sus intemperancias, su constatada mala educación con medio mundo. Y además, sus escasos triunfos. Florentino esperó a la semifinal de Liga de Campeones y aguardó a la final con el Atlético. Ni él mismo puede seguir defendiéndole. El ciclo ha terminado. Sólo resta llegar al finiquito sin que ello sea más dañino para el club.

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