Barça y Madrid validan toque y contragolpe

La única verdad absoluta del fútbol es el gol. Todo lo demás es discutible. Todos los sistemas pueden ser buenos o malos según cada equipo. El modo de llegar a la meta puede ser válido aunque guste uno más que otro. El juego del Barcelona enamora. El modo en que de vez en cuando se desenvuelve el Madrid entusiasma. Tan válida es la fórmula del toque como el contragolpe. La victoria del Madrid en Valencia, su paseo militar con cinco goles en medio partido, no es despreciable, sino todo lo contrario.

Nos hemos pasado cuatro años disfrutando de lo que ofrece el Barça, el manejo del balón hasta parecer que se entrena ante jugadores de la misma categoría y hemos denostado la falta de fluidez de juego de conjunto del Madrid y al final, aunque la clasificación aún es apabullante y un sistema está por encima del otro, no se puede obviar que tal y como practican el contragolpe los madridistas también existe el goce.

Es posible que tras los dos resultados decepcionantes del Barça ante Málaga y Real Sociedad y la victoria arrolladora del Madrid en Mestalla, creamos que está cambiando la competición. El equipo barcelonés ha tenido dos actuaciones que no se han ajustado a lo que se espera del mismo y por el contrario, el madridista ha recuperado su manera electrizante que le llevó la pasada temporada a ganar la Liga.

El Barcelona ofreció facilidades en Copa alineando contra los malaguistas a ocho suplentes y lo pagó con el empate a dos tantos. En San Sebastián se abandonó en la segunda parte y con la expulsión de Piqué, por dos estupideces impropias de un futbolista internacional, acabó derrotado por vez primera en lo que va de temporada.

El Madrid acudió a Mestalla contra un equipo cuyo entrenador, en lugar de echar mano de la prudencia y respetar al adversario, planteó un partido en que tenia las de perder. Al Madrid, que posee el contraataque más mortífero del mundo, con jugadores tan rápidos como Cristiano y Di María jugar con la defensa adelantada y sin un centro del campo capacitado para cortar los ataques, le llevó a la humillación que impulsó a muchos espectadores a abandonar las gradas de Mestalla en el descanso.

No ha cambiado el curso de la historia, pero gusta que el Madrid, mortecino en varios encuentros, y con el incendio consumiendo su vestuario haya vuelto donde solía. Y a Casillas, en cuatro encuentros, ni un gol.