Mourinho perdió en Málaga su gran reto

La actitud de José Mourinho en el Madrid se hace insostenible. Su actitud dictatorial, su persecución de los jugadores españoles con peso en el vestuario y el reto a club, aficionados y presidente con la suplencia de Iker Casillas, ha superado toda clase de previsiones. En Málaga lanzó su gran reto y, encima, lo perdió. Cayó derrotado el Madrid y Manuel Pellegrini le dio un repaso tácticamente. Pellegrini a quien ninguneó cuando llegó al club, le venció futbolística, humana y éticamente. El dictador no aguanta ya análisis de ningún tipo.

A Mourinho se le conocían sus tirrias, se sabe de su malhumor permanente, su deseo de mantener a los jugadores en tensión rozando con la violencia futbolística. Está constatada su teoría de que los futbolistas no deben mantener ningún tipo de relación amistosa con sus compañeros barcelonistas en la selección. Recientemente se ha vivido el acoso a los periodistas que no comulgan con sus ruedas de molino. Muestra vergonzante, lo padecido por Antón Meana. Todo cuanto se le pueda reconocer por estar certificado, no es nada con el castigo al capitán del Madrid y de la selección nacional. Casillas está en el punto de mira de Mourinho. Como Sergio Ramos, Arbeloa y Ozil. Y por supuesto está convencido de que en el vestuario hay una confabulación contra él y sus métodos.

En la plantilla ya no se le tiene gran admiración y respeto. Sus actitudes empiezan a ser motivo de chacota. Mourinho ni siquiera puede presumir de haber sido el salvador del Madrid, el redentor ante el apabullante dominio del Barcelona. Una Liga, una Copa y una Supercopa es poco bagaje para quien quiere que le regalen los oídos llamándole el mejor entrenador del mundo. Sin Guardiola, el Barça también le ha sacado los colores. Tras la derrota en La Rosaleda está a dieciséis puntos del líder, hecho que jamás se había dado en la historia madridista.

Castigar a Casillas es hacerlo con el equipo y en definitiva, con el club. Convertir a Casillas en suplente no puede ser considerado en ningún modo decisión técnica. Es una estupidez. Es una imbecilidad. Es decisión que debería ser motivo de reflexión dentro del club. Alguien podría llegar a considerar que ello es signo de problema mental. El desvarío de Málaga podría ser considerado acto esquizofrénico.