El duelo Madrid-Barcelona fue catalán

El empate del Madrid con el Espanyol en el Bernabéu fue prólogo ilusionante para Barcelona y Atlético. Ambos, en el Camp Nou, con su resultado podían cambiar entre ambos el rumbo de la Liga. No hubo caso. El Atlético no se acercó a tres puntos y el Barça, ganador, se fue a nueve. Y del Madrid, a trece.

El Barça se encontró con un gol en contra obra de Falcao y tuvo que luchar para remontar porque, pese a poseer más el balón, el Atlético estaba bien posicionado en el campo, le presionaba y le impedía jugar con facilidad a Xavi, Messi e Iniesta. Tampoco Busquets estaba a su altura y durante un tiempo se pensó que podía haber sorpresa.

El empate de Adriano, con un tanto espectacular y el segundo, obra de Busquets, en un córner con jugada embarullada, pareció dejar el partido medio sentenciado. Ocurrió que el Atlético ya no planteó la misma lucha y el tercer gol, obra de Messi, decantó definitivamente el marcador para los azulgrana. La segunda diana de Messi, al final del encuentro, dejó clara la diferencia que existe entre el primero y sus perseguidores.

El modernismo, en todos los órdenes, tiene la misión de romper con lo poco imaginativo. En el fútbol de hoy, aunque en el Bernabéu haya aficionados veteranos que han vivido modos de otros tiempos, y quizá los recuerden con nostalgia, han de hacerse a la idea de que los cambios acaban imponiéndose. El Madrid de extremos como Gento y delanteros como Di Stéfano son historia. Están en las páginas de las hemerotecas y amarillentas.

Ayer, el Madrid salió al campo sin un solo extremo y sin un delantero centro al modo tradicional. Probablemente, conocidas las condiciones de los jugadores madridistas, el cuerpo técnico, entiende que para ganar al Espanyol no son necesarios los futbolistas que habitualmente ocupan puestos tan tradicionales. La selección española, tantas veces glorificada, también suele jugar con el llamado falso nueve y le va bien. El Madrid se topó con el gol en contra que le obligó a buscar el gol en tromba. Sin almíbar. Y así encontró el empate en contragolpe con remate de Cristiano en jugada que Matéu Lahoz no consideró juego peligroso.

Las circunstancias obligaron a Mourinho a alinear en la segunda mitad a Di María quien revolucionó el juego y llevó adelante el ataque. Después, recurrió a Morata con lo que el Madrid volvió a jugar con un extremo y un nueve auténtico. No obstante, ello no fue suficiente para derrotar al Espanyol, equipo que no se rindió y, además de empatar, puso en más apuros a zagueros y guardameta madridistas.