Mourinho suma derrotas y acentúa el cisma

Era inimaginable que a estas alturas de la Liga el Real Madrid estuviera a once puntos del Barcelona y a ocho del Atlético. Contra este se juega el sábado algo más que los puntos. José Mourinho aprovecha las derrotas para cargar sobre todo lo que se mueve y de ello no están exceptuados sus propios jugadores. El entrenador agudiza cada día más el cisma existente en el vestuario. Las debilidades por quienes forman parte de su equipo más íntimo, aquellos a quienes como él representa Jorge Mendes, encocoran cada día más a los restantes entre quienes no solo están los españoles. La unión de estos con Ozil forma parte de la división.

Mourinho se está especializando en culpar a Ozil del mal juego y de las derrotas. Ya hubo un día en que Sergio Ramos se solidarizó públicamente con su compañero lo que llevó al entrenador a tomar nota y responderle con un aviso de suplencia aunque para ello habría que tener más que motivos tan superfluos. A Ozil lo cambia en cuanto el equipo no funciona y lo hace responsable de lo que ocurre en el césped.

Ozil nunca ha sido un jugador que haya sido brillante de principio a fin de partido, porque de vez en cuando, tiene minutos en que baja su rendimiento. No obstante, su calidad es muy superior a la de cualquier corredor de fondo con los que quiere suplirle. En Sevilla, la acusación no pudo ser más directa porque antes de la media hora ya mandó hacer ejercicios de calentamiento a Kaká y Modric. Fue un aviso y un mensaje al público del Bernabéu que, naturalmente, en gran número estaría viendo el partido por televisión.

En Sevilla, Mourinho hizo uno de sus ejercicios manipuladores al felicitar a los futbolistas béticos y aplaudir a la propia afición verdiblanca. Fue inaudito ver el menosprecio a hacia los suyos y el mensaje dirigido a los socios madridistas a quienes pide más apoyo. Olvida el entrenador que en el Bernabéu hay mejor paladar futbolístico que el que pretende imponer como norma de obligado cumplimiento. En el Madrid siempre se ha aplaudido más la calidad que la fuerza. El club tiene ahora un entrenador que discrepa de tal idea y, por el contrario, quiere imponer la suya. Es difícil hacer comulgar a los madridistas con las ruedas de molino que son, de momento, los once puntos de retraso con respecto al Barça y ocho tras el Atlético.

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