Portugal, el peor enemigo de la Eurocopa

Los partidos España-Portugal nunca han sido confrontaciones a vida o muerte. Esta vez lo es. Portugal aspira a proclamarse finalista europea y con razones. Tengo para mí que el encuentro es más final que el jugado contra Francia. Y más aún, superior a la que se jugaría contra Alemania caso de que ambas selecciones favoritas se clasificasen, lo que no está tan claro ya que esta va a tener que sufrir muchos para dejar en la cuneta a Italia, equipo que, como suele ocurrir, va de menos a más.

Portugal es el peor adversario que podía tocar al equipo español. Se pierde el tiempo dando por sentado que se va a ganar la semifinal. Hace muchos años que el equipo luso no tenía la potencia actual. Ha conjuntado un once en el que se complementan la seriedad defensiva con la peligrosidad del ataque. Cristiano es su principal baza y no es la única.

España juega un ritmo pausado en busca de la ocasión de gol. Su problema es la horizontalidad. El exceso de pases cortos sin ganar terreno proporciona al adversario cierta ventaja en el repliegue. El juego español es previsible y en ocasiones, excesivamente previsible. Pese a ello, gusta y es modélico en el mundo. Sin embargo, es jugar en el filo de la navaja. Se asumen demasiados riesgos porque la parquedad goleadora permite mantener la incertidumbre hasta el último instante.

Hay que confiar en la inspiración de nuestros mejores jugadores. Hay que pensar en la posibilidad de que Del Bosque acuda al Plan B cuando el juego se complica. Por el contrario, no es alentar el pesimismo creer en la posibilidades portuguesas. Al contragolpe, con Cristiano acertado, el pronóstico puede ser agua de cerrajas.

La duda metafísica radica en la zona derecha de la defensa española. No veo a Arbeloa suficientemente firme para anular a sus compañeros de equipo. Cristiano requiere vigilancia extrema y un defensa muy rápido para compartir con él en las carreras de contragolpe.