No ha cundido el pánico

En la selección española de fútbol no ha cundido el pánico, pero si ha crecido la preocupación. Se ganó fácilmente a Irlanda y costó mucho marcar goles a Italia y Croacia. Uno en cada partido. Nos hemos pasado los prolegómenos del torneo discutiendo sobre el delantero centro auténtico o falso y aunque Torres y Cesc Fábregas han conseguido dos cada uno no hemos resuelto la ecuación.

España se clasificó primera de grupo al vencer a Croacia y dejó en el aire un cúmulo de incógnitas sobre su juego. No hemos aclarado todavía si hay que jugar con delantero de referencia o hacerlo con el falso. Parece discusión bizantina porque venimos centrados en ella desde el comienzo del torneo. Y aún antes en los partidos amistosos.

El equipo español ha evidencia falta de contundencia. Marcó cuatro goles a Irlanda, equipo que dio grandes facilidades. Contra Italia lo mejor fue reaccionar con rapidez y asegurar el empate. Contra Croacia hubo salvación porque surgió la mano benefactora de Iker Casillas cuando más se necesitaba.

No hay intenciones claras de poner al seleccionador a pan pedir porque ello sería injusto, aunque si cabe preguntarse por algunas de sus decisiones. Quitar a Torres en el momento en que se da paso a Navas no parece estar en los mejores cuadernos de la concepción del fútbol de ataque. Empieza a ser extraño que el seleccionador, que castigó a Silva en el Mundial, lo haya convertido en el primer jugador al que cambiar.

Al margen de este tipo de cuestiones, discutibles naturalmente, porque sin ellas reduciríamos el fútbol a cuestión menor, en la próxima eliminatoria, en la que no cabe rectificación porque ganas y pasas o te vas a casa, va a ser necesario ajustar más el equipo y conceder minutos a quienes están frescos en el banquillo. Sobre todo, porque se ven momentos en que algunos acusan la larga guerra de la temporada.