El PP no apoya la propuesta de Esperanza Aguirre

Por si éramos pocos habló Esperanza Aguirre. Por si faltaba algún aditamento a la final de Copa terció doña Cuaresma, que le dice Gallardón. Terció e hizo mal tercio. Su ocurrencia sobre la suspensión del juego de la final de Copa si hay silbidos al himno, no ha sido aplaudida ni siquiera en su partido. Su arranque de patriotismo celtibérico ha tenido respuesta templada y sensata por parte de Antonio Basagoiti, quien también ha manifestado que se siente molesto cuando se insulta a los vascos y él lo es.

La presidenta madrileña, se supone que lo que ha dicho es solamente cuestión provisional, como suele firmar cuando se refiere a presupuestos. Se ha adelantado a los acontecimientos. No era descabellado pensar que hubiera silbidos porque en el mismo encuentro en Mestalla, hace dos años, los hubo. La diferencia está en que esta vez, con su salida de pata de banco, ha alentado a gentes que no pensaban sacar los pies del tiesto.

El fútbol español está condicionado políticamente porque los propios uniformes en unos casos y las banderas en otros, coinciden con los colores de la ciudad. La Real Sociedad, por ejemplo, es blanquiazul como su enseña. Verdiblanco es el Betis, azulones con cruz de Santiago en el pecho son los gallegos, azul y la Cruz de la Victoria es el Oviedo, el Valencia recurre a la senyera con azul, el Athletic usa este año una segunda equitación con los colores blanco, verde y rojo que coinciden con la ikurriña y blanquivioleta es el Valladolid. El nombre de la ciudad está en la denominación de la mayoría de los clubes y las banderas futbolísticas son remedo de los pendones de la edad media tras los cuales iban las mesnadas. El fútbol es la guerra por otros métodos.

En el fútbol conviven grupos de dudosa catadura. Algunos celebran la participación de Barcelona, Athletic o Real, cantando el “Que viva España” a modo de sopapo al visitante. En ciertos graderíos aún se ven insignias con cruces gamadas, y por supuesto, tales extremos se llevan incluso a encuentros en el extranjero como ocurrió en Bucarest, donde se vieron banderas preconstitucionales y las llevaron gentes de la grada del Atlético de Madrid.

Doña Espe, espectadora circunstancial en el Bernabéu y el Calderón, debería mirar desde el palco la presencia de alguna enseña ilegalizada. No la veo pidiendo que se suspenda el partido por tal hecho. En el Vicente Calderón, seguramente, habrá silbidos al himno y más después de la provocación de la presidenta, pero ello será cosa de unos instantes. Después, el personal se dedicará a alentar a los suyos. Y aquí paz y después gloria.