Mourinho nunca será diplomático

José Mourinho no pertenecerá nunca al cuerpo diplomático. Cada vez que habla tiembla el mundo deportivo. Cada vez que toma la palabra se encienden las luces rojas del incendio. Podría estar calladito y no es capaz. La victoria del Barcelona en el Mundial de clubes no lo ha digerido bien. Junto a la felicitación con la boca pequeña ha hinchado los carrillos para vomitar que, al fin de cuentas, lo que ha ganado el Barça han sido dos partidillos y que lo importante es ganar la Liga de Campeones. La ganada por el equipo catalán para poder participar.

Por mucho que Florentino Pérez le eche una mano constantemente y le proclame el mejor entrenador del mundo, no hay modo de hacerle entrar en razón y convencerle de que su estilo chulesco no es del Madrid. Ni el de presidente, ni de quienes apelan a viejas costumbres.

Ha ganado el Barça como también ha triunfado en este torneo el propio Madrid. La diferencia estriba en que mientras el Madrid venció en Tokio al Vasco de Gama con un gol de Raúl, y se ganó el coche de premio, ahora, la FIFA para sacar más dinero ha montado el torneo con los campeones de las Confederaciones. Lógicamente, a la final llegan habitualmente, brasileños, argentinos y europeos.

El Barcelona venció claramente al Santos de Neymar y la diferencia de juego que existió es lo que ha debido llevar al entrenador madridista a decir la citada tontería. Doy por hecho que los socios y seguidores madridistas desearán que su equipo juego esos partidillos el próximo año. Para ello, previamente, el Madrid tendrá que ganar la Liga de Campeones.

El Madrid acaba el año en lo alto de la cucaña de la Liga española, y a pesar de la derrota ante el Barça en el Bernabéu, su candidatura a la conquista final se mantiene. Esta temporada, eliminar al Madrid en Liga de Campeones también será casi un imposible. La final Barça-Madrid sería el partido no del siglo, sino de los siglos venideros. Un acontecimiento mundial.