Tarjetas a petición de los futbolistas

En el fútbol actual hay tarjetas a petición de nuestros abonados como había discos dedicados en la radio de antaño. Lo vimos la pasada temporada en la Liga de Campeones con el Real Madrid que le costó serio castigo. Los hemos visto repetidas veces en nuestra Liga y el martes, en el Camp Nou, con Gerard Piqué provocando al árbitro Pérez Lasa para que le mostrara la cartulina que le impedirá participar en el próximo partido, pero que de no surgir sanción del Comité de Competición, podrá jugar el clásico del Bernabéu el día 10.

El fútbol es para listos y también para filibusteros. En el primer apartado caben muchos y en el segundo entran desde directivos y técnicos a futbolistas. Piqué hizo el paripé de retrasar el saque de una falta para que Pérez Lasa, quien estaba en lo que celebraba, acabara amonestándole. Pérez Lasa, que suele ser el más rápido a orillas del Nervión, sonrió cuando se percató de la estratagema y acabó sacando la amarilla.

El árbitro fue consentidor. Sabiendo de qué se trataba pudo haber optado por otra maniobra: acercarse al jugador y decirle que no le iba a amonestar aunque persistiera. La sonrisa fue acto de complicidad y ahora habrá campaña para que el Comité de Competición castigue al futbolista con el partido correspondiente a las cinco amonestaciones y le sancione con uno más por su actitud, cuestión reglamentada. El favor del jugador está el hecho de que el árbitro no consignó el hecho como acto provocado.

En este caso, como en otros muchos proclives a la polémica, han surgido ya gentes dispuestas a terciar y hacer mal tercio. Ha sido el caso del ex juez de línea Rafa Guerrero, célebre por aquél error de “penalti y expulsión” que obligó al árbitro recientemente retirado, el asturiano Mejuto González, a expulsar a un inocente. El famosillo Rafa Guerrero, por sus hechos conocido, está ahora en plan juez exquisito en la prensa y se ha permitido decir que Piqué “deja mucho que desear”. La sentencia sobre la moral y las buenas costumbres futbolísticas viene de alguien que pasó a la historia futbolística por sus astracanadas.

La actitud de Piqué no es para aplaudir, pero peor suele ser cometer una falta poniendo en peligro a un contrario como suele ocurrir creyendo que así el hecho pasa más inadvertido.