La crisis salva a los entrenadores

La crisis económica está resultando balsámica al fútbol. La escasez monetaria impide el despido de entrenadores. A estas alturas del campeonato, en otras campañas, las destituciones habrían sido espectaculares. Hay varios técnicos al borde del precipicio, pero incomprensiblemente, incomprensiblemente de acuerdo con la tradición, se mantienen en sus puestos.

Hasta la fecha solamente ha caído Michael Laudrup en la dirección del Mallorca, pero ello no fue por los resultados, sino por la discusión con los dirigentes del club a causa de las manifestaciones del segundo entrenador, quien había puesto a los pies de los caballos al club y a la plantilla.

En el Villarreal no hay gran afición a las destituciones y, sin embargo, Juan Carlos Garrido se hizo cargo del equipo porque Chingurri Valverde no convenció. Garrido, esta temporada, no ha conseguido mejores resultados si tenemos en cuenta el fracaso en Liga de Compones y la deficiente clasificación en la Liga. Se temió que le dieran la boleta y se salvó por los pelos. Su coartada no es otra que el gran número de lesionados importantes que han restado potencial al equipo.

Pepe Mel llevó al Betis al liderato y desde entonces ha perdido nueve partidos. La amenaza del despido se mantiene. Manolo Preciado tuvo un arranque funesto con el Sporting se le concedió una semana más y ha levantado cabeza a medias.

Héctor Cúper no pude llevar al Racing hacia los puestos de la tranquilidad y aunque el público ya pide su salida aún está en el puente de mando. No está en mejor situación el vasco-mexicano Javier Aguirre, que no consigue que el Zaragoza levante cabeza. En la pasada campaña llegó como salvador, consiguió el objetivo y el equipo vuelve a estar en los puestos de descenso.

A Fabri, entrenador del Granada, se le pronosticó muerte súbita y la permanencia en el puesto le ha permitido tomar aire. Sobre todo después del triunfo en San Mamés. La Real contrató al francés Montagnier y el equipo sigue al borde de los puestos del descenso. El golazo de Iñigo Martínez en Heliópolis le permitió salir de las plazas que queman.

Luis García llegó al Getafe tras la magnífica campaña que hizo con el Levante y ha estado más allá que aquí. Ganar al Barcelona, además de recibir el aplauso del madridismo, le ha confirmado momentáneamente en el banquillo getafense.

La Liga en la parte de abajo está tan apretada que del undécimo al vigésimo existe la diferencia de los tres puntos de un partido. El undécimo es el Atlético de Madrid y el profesor Manzano también ha estado en la puerta del despido. Sigue como los citados anteriormente, pero sin garantías.

Sólo la ausencia de dineros para pagar a quienes han de salir y a quienes han de llegar mantiene el elenco de entrenadores. Futbolísticamente es bueno que haya continuidad. Los equipos más comprometidos no cambiarían de situación con entrenador nuevo. Lo de los revulsivos no es la solución. Sólo alguna vez se produce el milagro.