Sin fútbol y sin carruseles

El domingo agosteño tenía anunciado el comienzo de la Liga y nos quedamos sin ella. Y sin los carruseles radiofónicos que nos han acompañado tantos años. Han sido solaz en tiempos sin televisión y con ella. Un domingo sin minuto y resultado no es fiesta.

La Liga de Fútbol Profesional quiere poner a las radios las peras al cuarto. Quiere cobrarles por lo que distrae y es disfrute para muchos aficionados que aún prefieren oír el grito entusiasta del locutor que exalta el gol de su equipo y el cántico con sordina que delata que el tanto ha sido del equipo contrario.

El carrusel por excelencia fue el dirigido pr Vicente Marco. Tenía todos los alicientes para que millones de españoles se pegaran al aparato, tiempos después al transistor, para conocer como iba a su equipo y los avatares que le concernían en los otros encuentros.

Eran tiempos en que había anuncios que exaltaban el hecho de que un coñac era cosa de hombres. Juan de Toro estaba presente en todos los bares españoles porque su concurso era especial para estos establecimientos. Si contestaba la dueña esta acababa por pedir “ una ayudita don Juan”. Y este proponía pistas como esta :¿A que portero no le han metido en el arco nada? Joaquín Prat nos exaltaba la virtud de un anís en vaso largo o en copa corta.

Han pasado los años y Pepe Domingo Castaño hace ripios ingeniosos como es tradición, y aplica a cualquier producto una letra con música muy conocida. Igual canta a un jamón que a un tractor o una cortacéspedes. Sólo comete el error de permitir que un catalán recomiende recetas de paella de lo que no tiene ni idea.

Paco González trata de equilibrar los comentarios aunque de vez en cuando se le cuelen las euforias de Poli Rincón. Manolo Lama es narrador erótico con sus comentarios por el modo en que ha transformado un centro al área.

En un domingo sin la radio en los campos de fútbol la mayor tristeza me la ha producido el imborrable recuerdo de Juan Manuel Gozalo, quien nos abandonó para siempre.

El primer domingo de Liga frustrada ha servido para caer en la melancolía.

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