El fútbol de selecciones exige creación de divisiones

Predicar nunca ha sido dar trigo y a algunos nos sucede que nuestras prédicas no sólo no son trigo, sino que ni siquiera alcanzan la categoría del cornezuelo del centeno. Cada vez que los torneos internacionales de selecciones obligan a enfrentamientos inadecuados hay que escribir sobre la necesidad de modificar el sistema que se sigue.

No es de recibo que Inglaterra, pongamos por caso, tenga que enfrentarse a Andorra. No es aceptable que España juegue contra Liechtenstein o San Marino. Los campeonatos mundiales y europeos están llenos de partidos prescindibles, pero FIFA y UEFA no se hacen a la idea de establecer divisiones tal y como están estructuradas las ligas nacionales.

España jugó anoche en Kaunas contra Lituania, país en el que las infraestructuras no están a la altura de las exigencias actuales. El llamado patatal de Kaunas no ha sido el primer estadio en el que ha tenido que jugar la selección española con grave peligro de lesión. En Chipre presencié un partido en el que había casi trincheras en el raquítico césped.

La FIFA y la UEFA deberían establecer diferencias con el fin de que las competiciones tuvieran nivel adecuado. Ya se sabe que las grandes multinacionales del fútbol prefieren multitud de partidos porque siempre hay un porcentaje al que recurrir.

Lo idóneo sería que se jugase una fase previa entre selecciones de segundo nivel que clasificara a los mejores de esta serie y pudieran enfrentarse, posteriormente, a los grandes. En Liga de Campeones, por ejemplo, el cuarto español no entra directamente en el torneo, sino que ha de disputar fase previa.

En las ligas nacionales los clubes de Segunda se ganan el derecho al ascenso a Primera, fórmula que se sigue con los de tercera o Segunda B. No es razonable que lo establecido por las federaciones nacionales, sistema bendecido por las grandes organizaciones internacionales, o tenga su equivalente entre las selecciones.

En el historial del fútbol español existen partidos que disputaba la selección B contra la A de Luxemburgo o Egipto. Hay países en los que evidentemente, el nivel es superior al de antaño, pero aún quedan diferencias muy notables.