Alonso, Contador y Nadal, tres incertidumbres

La Fórmula-1 ha vuelto a despertar a miles de españoles deseados de seguir las evoluciones de Fernando Alonso, gran campeón, que cuenta con el apoyo de cientos de miles de compatriotas aunque continúa siendo poco proclive a crearse simpatías personales. Es así y no pretende cambiar.

La primera prueba del año no resultó tan entusiasmante como se deseaba porque Fernando no llegó al podio. La cuarta plaza no es la mejor aunque es buena si se piensa en la cantidad de puntos que queda por disputar. La salida fue determinante y Fernando reconoció su error.

La Fórmula-1, como ha sucedido en otro deportes, nos ha traído al idioma de los medios informativos dedicados al deporte su correspondiente virus. Ahora, se han empecinado algunos en traducir estrictamente qualification, como calificación, pero en castellano su significado es distinto. Las pruebas de calificación son aquellas en que existe un jurado que da notas, que califica. (Verbigracia: gimnasia) En natación, atletismo y automovilismo y motociclismo no existe jurado que otorgue notas, que califique las actuaciones.

En estos deportes las pruebas previas a la final son de clasificación. Se clasifican o pasan a las final o eliminatorias anteriores, quienes consiguen las mejores marcas. En automovilismo, las plazas de privilegio se consiguen por medio de los tiempos empleados en las pruebas previas a la final, las de clasificación. Pero no hay solución. Queda más fino hablar como los americanos e ingleses.

Alonso no ha comenzado mal y Alberto Contador ha terminado la tradicional Volta a Catalunya en primera posición. Sin embargo, no parece que tal triunfo pueda ser motivo de gran celebración. Contador está pendiente del juicio del Tribunal de Arbitraje Deportivo que le puede inhabilitar para un par de años. Un drama.

Rafa Nadal está intentando ganar nuevo torneo, pero nos dejó recientemente el mal sabor de boca de su derrota ante el serbio Jokovic, magnífico tenista y extraordinario humorista. Nuestros grandes ídolos no están en sus mejores días, pero siguen siendo números uno. Y, además, son los nuestros.