Duro fajador contra fino estilista

La discusión sobre Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, es decir, sobre cuál de los dos es el mejor del mundo y qué tanto por ciento de las victorias de Barcelona y Madrid tiene su presencia en los partidos, durará toda la temporada. Hay otra que tal vez cree mayor polémica.

La comparación entre dos grandes jugadores es inevitable si pertenecen a dos equipos siempre tan enfrentados como Madrid y Barça. Los seguidores de ambos entidades y los turiferarios de los medios informativos, los de cada acera, se entiende, desean que sea el suyo el favorecido.

Los antiguos se entretuvieron en discusiones sobre Alcántara o Monjardín, pongamos por caso, y entre René Petit y Samitier y más recientemente, entre Di Stéfano y Kubala. Nada suele ser más divertido que ponderar lo bueno de uno y minimizar lo del otro.

Esta temporada, después de haber convenido en las dos anteriores, y en todo el mundo, que la excelencia del juego está en el Barcelona, nos vamos a topar con la confrontación entre el método de Guardiola y la fórmula de Mourinho.

Al equipo barcelonés se le ve en dificultades de vez en cuando y su excelencia aparece sin la constancia de tiempo atrás. Asoma su calidad y su fútbol entusiasmante y sin embargo, no tiene la misma trascendencia. Posee menos constancia.

Al Madrid no se le reconoce calidad similar. Su virtud está en el juego colectivo que practica y, sobre todo, en la contundencia de su ataque. Le cuesta marcar menos que al Barça. El Madrid es duro fajador y el equipo barcelonés, fino estilista, términos del casi desaparecido boxeo.

Al final de temporada, de acuerdo con el resultado, se proclamaran vencedores de la polémica quienes hayan estado en el bando triunfador. Siempre he defendido que los aficionados estiman más la victoria que el juego brillante. En el deporte lo que importa es ganar.