Madrid y Barcelona también jugaron en viernes

Barcelona y Madrid jugarán en lunes y no es festivo. El primer gran clásico del año, del siglo, presumiblemente, será en la segunda vuelta. Las elecciones catalanas y los dineros televisivos han impuesto la fecha.

El fútbol no se puede programar a gusto del consumidor, sino de acuerdo con los compromisos televisivos. Los aficionados, muchos, pondrán pies en pared al considerar inapropiada la fecha, pero los clubes no tiene más remedio que claudicar.

La celebración de la elecciones al Parlament ponían dificultades organizativas. Dados los problemas que partidos de esta índole suelen crear no había posibilidad de destinar fuerzas de orden público para el control.

Las elecciones tienen prioridad en lo tocante a la seguridad y trasladar el partido al sábado también tenía inconvenientes en el mismo sentido. Martes y miércoles hay Liga de Campeones con lo que el equipo catalán, de jugar el sábado, lo haría con escaso descanso.

Los clubes viven hoy del maná de la televisión. Parte importante de sus presupuestos son los ingresos por la venta de imágenes. Se da la circunstancia de que los dos más beneficiados son Madrid y Barça.

Cuando se obtienen grandes beneficios por un concepto hay que hacer frente al mismo y en este caso se trata de aceptar el lunes porque, independientemente de los problemas de los espectadores, es evidente que toda España podrá ver el partido.

Desde el punto de vista publicitario el lunes será un chollo porque la transmisión no coincidirá con ninguna. Toda la programación será suya.

En el Madrid no ha gustado por una cuestión de estilo. Creen que el clásico pierde dignidad si se juega en lues. Hay dos precedentes de encuentro en lunes y en Barcelona. Se da la circunstancia de que ambos los ganó el Madrid y fue campeón.

La fecha más curiosa, históricamente, fue la del 30 de abril de 1976. El Gobierno de Arias Salgado obligó a que se jugara en viernes, fecha prohibida federativamente, para contrarrestar el ambiente del primero de mayo y las manifestaciones obreras.

De aquel partido, televisado porque no había corrida de El Cordobés a que recurrir, sacó el Madrid 14 millones de pesetas con el argumento de que había perdido espectadores.

El pacto lo firmaron Raimundo Saporta, vicepresidente del club, y Adolfo Suárez, ministro Secretario General del Movimiento. A la hora de pagar, Suárez ya era presidente del Gobierno. Al año siguiente los sindicatos ya estaban legalizados.