El Madrid-Milán, monólogo madridista

En el fútbol, como en los toros, suele suceder que partido de expectación, partido de decepción. Se esperaba que Madrid y Milán disputaran un vibrante encuentro con alternativas de juego y goles en ambas porterías y sucedió que fue un monólogo. Sólo hubo un equipo grande. Naturalmente, el Madrid.

Nadie esperaba que el Madrid encontrara tan escasa oposición. Antes de que se cumpliera el primer cuarto de hora el marcador ya estaba 2-0. Si bien en las dos dianas hubo cierta fortuna, la diferencia en el juego no admitió excusas.

Cristiano Ronaldo sacó el libre directo casi raso cuando se esperaba que tratara de superar la barrera y la jugada le salió bordada. El disparo no era para emocionar y la defensa milanesa se abrió y dejó pasar el balón. El segundo casi fue en propia puerta.

El dominio madridista fue agobiante. De no haber cometido muchos errores ante el marco milanés, por la muchas ocasiones de gol creadas, el partido habría creado bostezos entre los espectadores. Nunca en partido de copa europea se había visto distancia tal entre los contendientes.

El Milán apareció en cuatro momentos y siempre dio sensación de que no sabe que hacer con la pelota cuando se acerca al área contraria. Ronaldinho es casi un ex futbolista e Ibrahimovic justifica que el Barça se lo quitara de encima. A estas alturas, ni Seedorf.

No se comprende que un club histórico como el milanés, que tiene detrás a Silvio Berlusconi, jefe del gobierno italiano, y sus grandes recursos económicos, posea una plantilla tan mediocre en relación con otros años.

El Madrid es equipo que va hacia arriba y cuenta con Cristiano Ronaldo, catapulta que lanza al equipo hacia el gol. El Milán es conjunto que desmerece su propia historia.