Contador y Alonso, dos glorias dominicales

Ganó Alberto Contador en los Campos Elíseos como estaba mandado. Venció Fernando Alonso en el Gran Premio de Alemania, como no era tan previsible y la jornada fue como un día de Pascua.

El domingo todo fueron glorias antes de que por la noche se disputara la gran carrera de motociclismo en la que también se aguardaba triunfo español o al menos, podio.

El deporte español es en París como obra de obligada interpretación en concierto. Arranca en la primavera Rafael Nadal y la cierra en verano Alberto Contador. Los españoles ganan los dos grandes premios franceses.

Por tercera vez ha vencido Contador en la gran ronda francesa. Le impidieron ganar otra por razones ajenas a su voluntad y aún está en condiciones de mejorar su record.

 El ciclista de Pinto es el único que puede aspirar en este momento a igualar la marca de Miguel Indurain. Está a dos vueltas del navarro y, por su juventud, no es aventurado pronosticar que está en condiciones de llega al quinto Tour.

 El gran duelo con Anddy Schleck, que se comenzó a presentir en la temporada pasada, y se ha consumado en la presente, induce a creer que el futuro estará marcado por ambos ciclistas. Los dos tienen madera de grandes campeones.

 El presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, le preguntó a Contador, el día del Tourmalet, en qué reside el éxito del deporte español. Países que nos han llevado notable ventaja en todas las disciplinas deportivas no acaban de entender el milagro actual.

El deporte español está por encima de la tradición y de los medios que durante años ha tenido.  Campeones en ciclismo es solamente un dato más. Tenis, baloncesto, balonmano y motociclismo han ocupado los lugares más altos del podio mundial.

Al deporte nacional le faltaba ganar el campeonato del mundo de fútbol y hace bien poco que lo conquistó. Al llegar a los Campos Elíseos ya llevábamos en las alforjas Roland Garros, Wimbledon y el Mundial de Fútbol.

Fernando Alonso ha vuelto a dar un golpe de autoridad en la Fórmula 1. Sería demasiado volver a ganar el Mundial de baloncesto. Sarkozy lo entendería menos todavía.