La etapa contrarreloj decidirá el Tour

El triunfo en los Campos Elíseos está más cerca. Alberto Contador mantuvo en empate el duelo con el luxemburgués Anddy Schleck en lo alto del Tourmalet. No hubo diferencias. Todos siguió igual.

El español y su gran adversario tenían en la mítica cima pirenaica la ocasión para rematar la faena o poner el Tour de vuelta y media, si era el luxemburgués el vencedor.

La etapa era la más dura del recorrido, era la ocasión para que los grandes héroes escribieran nuevas páginas de gloria. Quienes lo intentaron fracasaron. Contador y Schleck quedaron citados para el final y firmaron la paz.

Se miraron durante la ascensión y fue Anddy quien habló repetidas veces con Alberto. Éste no hizo el mejor caso y siguió a lo suyo. Intentó una vez despegarse de sus compañero de fatiga, y al no conseguirlo, desistió.

Schleck forzó la marcha y Contador le siguió a rueda. En los metros finales se esperaba que uno de los dos sacara provecho al esfuerzo y no hubo tal.

El español, después de lo sucedido por la avería de su adversario, y que le ha proporcionado un reproche incluso popular, decidió regalarle la etapa. Fue gesto deportivo que el público no le agradecerá.

La ilusión de la mayoría de quienes seguíamos con emoción la escalada deseábamos que el madrileño diera el golpe de autoridad, que lo convirtiera en líder indiscutible, y no pudo hacerlo.

Contador tendrá que mantener el liderato en la contrarreloj del sábado. Deberá ganar y con la diferencia necesaria para que lo sucedido en el día de la avería no sea argumento para devaluar su triunfo.

El Tourmalet hizo recordar las grandes batallas entre Bahamontes y Gaul, otro luxemburgués. Esperábamos que hubiera otro triunfo español y no llegó. En el Tourmalet venció cuatro veces Bahamontes.

Ahora se corre de distinta manera y hasta el premio de la montaña ha quedado devaluado. Lo importante es que Contador llegue a los Campos Elíseos vestido de amarillo.