Pellegrini y Mourinho, dos actitudes caballerosas

Manuel Pellegrini se marchó del Real Madrid como auténtico caballero. Ni una mala frase, ni una descalificación. José Mario dos Santos Félix Mourinho, ha llegado como otro caballero. Ni un comentario que sirviera para restar méritos profesionales a su antecesor. Ni una palabra, pedida por turiferarios, contra el Barça. Tenemos la fiesta en paz. Al menos, de momento.

Del entrenador saliente se esperaba, porque había motivos para ello, algún comentario hiriente para el presidente del Club Florentino Pérez o una excusa en los jugadores que fueron quienes no ganaron ningún partido al Barça. No hubo cante.

Pellegrini dijo más por lo que no comentó que por lo que salió de su boca. Habló bien de todo el mundo. Sólo puede entenderse como crítica, que dijera que se ha ido sin conocer al presidente con el que solamente habló una vez y se saludó cordialmente en alguna ocasión esporádica.

De Mourinho se conocen sus salidas ruidosas y polémicas de los clubes en que ha trabajado. Del Inter vino a decir que todo el mundo es bueno. Habló bien del club, de los dirigentes y de los futbolistas.

No afirmó ser el mejor entrenador del mundo como se le pidió que dijera. Y todas las preguntas más comprometidas las resolvió con serenidad y tino. Dijo que no es antibarcelonista con lo que se cargó el titular que pidió un periodista con espíritu ultrasureño.

Una de las grandes sorpresas la dio al responder por la opinión que tiene de Raúl. Fue de lo más feliz de su intervención. Dijo que no había perdido el tiempo y por la mañana había hablado con él, en Valdebebas.

Lo mejor fue decir que él acaba de llegar y no pertenece a la historia del Madrid y Raúl sí lo es y por tanto merece su respeto. Y añadió, que lo hablado entre ambos queda para ellos y no para los medios informativos.

A Valdano, presente en la conferencia de prensa, le recordaron que había defendido a Pellegrini hasta el último día, lo que venía a significar que estaba a favor de su continuidad. Mourinho le echó un cable al decir que le gusta trabajar en un club en el que se defiende al entrenador hasta el último día.

Las discrepancias vendrán después. De momento, el que se fue quedó como un señor. Como lo que es. El recién llegado no ha querido mostrar imagen distinta.