El Mundial acabará, cortará la tregua liguera

Hay que dar gracias al Mundial de Suráfrica porque sin el mismo podíamos entrar en depresión por la falta de carruseles deportivos. ¿Qué íbamos a hacer la tarde del domingo sin oír lo de gol en Riazor y penalti en La Rosaleda? Qué música íbamos a tener en los oídos sin los cuarenta principales del Carrusel de la Ser con Pepe Domingo Castaños recordando sus tiempos de cantante pop con su pantalón vaquero y su camisa de cuadros.

La Ser nos apagó la voz de Paco González, el mejor sucesor de Vicente Marco. A Paquito le quitaron el micrófono como si sustituirle fuera fácil. Ahora se llevará detrás miles de oyentes a Telecinco y al programa deportivo radiofónico que dirigirá la próxima temporada.

El Carrusel forma parte de la afición futbolística. Con Joaquín Prat nos convencían de que “en vaso largo o en copa corta anís de La Asturiana qué bien se porta”. Los tiempos modernos aún hacen anuncios a base de ripios como ese vino al que dicen que es el de Europa.

Afortunadamente, el tiempo de espera es corto. En cuanto comience el Mundial tendremos de nuevo la alegría de los goles. Y por supuesto, fundamentalmente, los de la selección española, bautizada por Luis Aragonés, el hombre que cantaba el himno nacional con la letra de José María Pemán, como “la Roja”.

Cuando se cantaba en las escuelas españolas, obligatoriamente, el himno con los versos del poeta gaditano, la selección vestía de azul y nadie osaba hablar de rojos y azules en frontones y trinquetes.

Lo rojo quedó prohibido. Hubo una excepción. A Guillermo Gorostiza se le pudo seguir llamando “Bala Roja” porque había abandonado la selección de Euskadi y se había integrado en la España nacional.

Ahora hablamos de “La Roja” con toda naturalidad y hasta el nombre ha sido aceptado mayoritariamente. En España suceden estas cosas. En el diario “Arriba”, que fue órgano oficial del Movimiento, hubo un día en que se osó decir que “Machado es de todos”. Eso pasa con La Roja.

Tenemos poca tregua y, además, contamos con la animación constante por parte de los medios afines al Real Madrid, que tienen la virtud de ilusionar al personal, que ha lamentado pasar otro año en blanco, con el anuncio de grandes fichajes. Es mejor que no decaiga la fiesta. Al menos hasta que empiece el Mundial.