El Atlético mandó más y el Sevilla ganó al contragolpe

Las finales de Copa siempre son imprevisibles. El Sevilla, equipo más firme que en Atlético de Madrid en las últimas campañas, llegó al descanso con ventaja en el marcador aunque sin haber mostrado superioridad. El Atlético tenía la ilusión de conquistar su segunda copa de la temporada y le helaron el corazón a los cinco minutos del partido.

En tan poco tiempo el partido comenzó a decantarse por un lado. Ello aumentó los naturales nervios de estas ocasiones. Creció la presión, se jugó a gran velocidad y la intensidad fue la causa de que se cometieran muchas faltas con lo que el fútbol de calidad apenas apareció.

No hubo mucha continuidad en el juego por los constantes parones. Ninguno de los dos equipos tuvo más de tres pases en la conducción de la pelota. El Sevilla, con la ventaja en el marcador, fue más conservador y se encontró al final con el segundo tanto.

El Atlético consiguió manejar más el balón, lo tuvo más en su poder, pero los sevillistas, al contragolpe, le crearon algunos problemas. Por el contrario en su ataque se encontró con Palop que resolvió todos los problemas de su jurisdicción.

El momento clave para el Atlético se esfumó porque los dos remates seguidos de Agüero se estrellaron en el defensa Squillaci. La mejor ocasión de los campeones la tuvo Negredo y De Gea aguantó de pie y detuvo el remate.

El partido tuvo como característica fundamental el juego eminentemente solidario. Nadie bajó los brazos en ningún instante. Los extremos se sacrificaron regresando para ayudar y los zagueros corrieron sus bandas en ataque y defensa.

El partido tuvo las emociones propias de las finales de Copa. En ausencia del Rey, esta vez entregó la copa un colchonero. La única ocasión en la historia.