Mourinho, la zorra en el gallinero

El Real Madrid está decidido a fichar al conflictivo José Mourinho y ello plantea varios problemas. El primero, despedir a Manuel Pellegrini, un caballero, un señor educado, a quien habrá que pagarle el segundo año de contrato.

La segunda parte de la parte contratante consiste en indemnizar al Inter de Milán para hacerse con los servicios de su maleducado técnico. Va a ser el fichaje más caro de la historia porque nunca por un entrenador se ha pagado tanto.

La tercera parte estará en cómo dar trabajo a Jorge Valdano y Miguel Pardeza. Dado que el portugués es quien dice a quien hay que fichar, la labor de los miembros del equipo de la dirección deportiva están de sobra. Como mínimo, tendrán que tragar con las imposiciones de Mourinho.

El Madrid, y especialmente su actual presidente Florentino Pérez, siempre han presumido de poseer un estilo. Florentino, tanto en su primera época como en la actual, ha predicado la necesidad de recuperar el señorío y él ha sido el primero hacerlo. El fichaje de Mourinho, salvo que cambie, cuestión harto difícil, será todo lo contrario a lo que se pretende.

Mourinho lleva años peleado con el mundo y en Madrid, presumiblemente, tardará muy poco en crear conflictos. Desde el punto de vista personal es individuo problemático.

Deportivamente, el actual entrenador del Inter no parece que sea partidario del fútbol que practican la selección española y el Barcelona, modelos que se  han echado de menos en el Bernabéu y por ello se ha recriminado constantemente a Pellegrini.

El fútbol que nos ofreció el Inter en su reciente semifinal de Liga de Campeones con el Barça es de los que detesta el público madridista. Nada más lejos del paladar madridista que el juego rácano, la propuesta conservadora.

Mourinho está destinado a chocar frontalmente con Cristiano aunque sea compatriota suyo y haya sido casi el único que ha anunciado plácido recibimiento.

Tengo para mí que contratar a Mourinho es meter la zorra en el gallinero. Demasiadas estrellas para que eclipsen al prepotente entrenador.