TELEVISIÓN

Rociíto, la gallina de los huevos de oro de Telecinco

Tras su estreno en Mitele, la cadena de Fuencarral lanza un órdago para recuperar a la audiencia perdida y estrena 'En el nombre de Rocío' en el prime time de los martes

MEDIASETTelecinco estrena ‘En el nombre de Rocío’

Arranca la nueva temporada y Telecinco en lugar de lanzar un órdago para recuperar a la audiencia perdida, se marca un farol de parrilla sin grandes novedades salvo el estreno de Pesadilla en el paraíso, un nuevo reality presentado por Lara Álvarez y Carlos Sobera que se estrena el próximo jueves 8 de septiembre, y el regreso de Rociíto a la televisión generalista. A las puertas de la estación de la caída de la hoja, tras acelerar los pases en Mitele de En el nombre de Rocío, los responsables de programación de la cadena de Fuencarral han decidido reemitir la segunda parte de la vendetta familiar, esta vez en abierto los martes en prime time. Telecinco apuesta por Rocío y la erige en su gallina de los huevos de oro.

Dada la repercusión mediática que tuvo la vomitera de excrementos emocionales de la primogénita de la más grande, nadie entendió la decisión de Mediaset de arrinconar En el nombre de Rocío en su canal de pago. Parecía una extraña declaración de intenciones: “De Rociito ya no se habla que se nos va de las manos”. Recordemos que, tras la emisión de Rocío, contar la verdad para seguir viva, el país se dividió visceralmente entre la ola fucsia que apoyó a muerte a Rocío Carrasco y la azul que amparó a Olga Moreno, cada una con sus adláteres. De esta batalla a muerte surgieron incluso damnificados, entre ellos, Carlota Corredera que desaparece de la tertulia en esta segunda parte y entrega el testigo a Sandra Barneda. La presentadora viguesa se posicionó sin fisuras en el equipo de Rociíto y esa decisión la colocó en la diana de los ataques cibernéticos más injustos e intolerables. Hay quien incluso la culpó (y la culpa) de la pérdida de audiencia de Telecinco, un asunto que nada tiene que ver con ella. La sangría se debe a otras cosas como el hastío, la reiteración y la pérdida de prestigio.

Allá donde se encuentre Rocío Jurado, debe estar retorciéndose de dolor. Ella, la más grande, la voz, la artista entre las artistas, la cantante que osó desafiar a la censura con sus transparencias y aquellos escotes interminables, jamás hubiera consentido este sainete televisivo en el que se ha convertido la familia Jurado y sus adláteres. Rocío Jurado fue la matriarca de un clan que saltó por los aires la madrugada del uno de junio de 2006.

Como una ola se fue la más grande, dejando tras su estela una panda de comensales económicos hambrientos, enfrentados por una herencia. Dieciséis años después, su primogénita decide airear su verdad, para, según ella, “quitar la careta a la jauría”, cuando en realidad lo suyo es una pataleta. En el nombre de Rocío es la venganza de una pobre niña rica que vivió eclipsada por la figura de la Jurado. Mimada por todos. Adolescente de carácter rebelde que decidió abandonar los estudios para ser modelo y estudiar Diseño en Milán. Logró debutar en las pasarelas de la mano de Garbiñe Abasolo (ex Miss España), entre alfombra y alfombra, entre luces de neón y fiestas conoció al padre de sus hijos. Se le puso en el papo seguirle hasta Argentona, se quedó embarazada, le montaron un bodorrio de escándalo, tanto como las lentillas azules y el postizo inenarrable tipo Sissí que lució aquel 31 de marzo de 1996. El resto ya lo conocen.

Todos podemos ser el canalla de una historia mal contada. En los 15 capítulos de En el nombre de Rocío, su hija, sentada cual tabernera en el sofá que recibía a las visitas en la mansión de la Jurado, no deja títere con cabeza, habla a tumba abierta de todo el clan Jurado-Mohedano-Cano-Mosquera. Se presenta como la gran damnificada, abre la caja de pandora familiar y a buen seguro dará que hablar en las tertulias de barra con su legado emocional desestructurado. Suelta perlas como que sus padres se murieron enamorados (uno del otros). Alguien le debería decir que eso no es más que la utopía de todo hijo de padres separados. Rociíto no salva a nadie de su familia mediática.

Lamentablemente la España del cotilleo se articula entre la fortuna y la adversidad de las familias de dos tonadilleras: Isabel Pantoja y Rocío Jurado. No nos interesa nada más. Preferimos las vomiteras emocionales de Rociíto a la bronca entre Johnny Depp y Amber Heard. Nos preocupamos más por el rumbo del romance de Anabel Pantoja y Yulen que por la boda sorpresa de JLo y Ben Affleck.

Veremos a ver cómo recibe el público este segundo pase en abierto cuando Telecinco ya ha trufado todos sus programas veraniegos con spoilers de la docuserie. Recuerden cómo acabó la gallina de los huevos de oro. Igual necesitamos más jueces y más historias como la de Santiago Pedraz.