Visita a Cataluña

Leonor y Sofía, dos adolescentes en plena mutación

Se prodigan tan poco que cada aparición pública de las hermanas Borbón Ortiz se convierte en toda una fiesta mediática que analiza al milímetro sus movimientos, sus outfits y sus anécdotas

La princesa Leonor protagoniza su primer viaje a Girona con una visita junto con la infanta Sofía, al Teatro-Museo Dalí

EFELa princesa Leonor y la infanta Sofía

Se prodigan tan poco que cada aparición pública de las hermanas Borbón Ortiz se convierte en toda una fiesta mediática que analiza al milímetro sus movimientos, sus outfits y sus anécdotas. Hay hambre, tanto de princesa como de infanta. El pueblo quiere ver cómo están cambiando las dos adolescentes de la familia del Rey. Leonor y Sofía, princesa e infanta de cuento. Tan reguapas, tan rubias, de ojos claros (azul o verde miel), tan altas, tan educadas y siempre tan ideales. Por culpa del abrigo familiar y el refugio social su visita en solitario al Museo Dalí de Figueres y la entrega de los premios Princesa de Girona han revuelto las aguas del corazón. 

Las hermanas visitan Cataluña entre duelos de banderas, entre vítores y vocinglería, entre cortesanos y republicanos. Ambas nacieron en la encrucijada que va de los paparazzi a las caceroladas, rodeadas holgura y bienestar y, a su pesar, con el destino escrito.

Seamos francos. No está el vulgo acostumbrado a presumir de hijas de rey. En su adolescencia Elena y Cristina, las hijas de Juan Carlos I, jamás destacaron ni por su elegancia, ni por su belleza ni por nada. Vestidas de gala eran dos cajas de bombones y sosas como un pan sin sal en su día a día. Ocuparon páginas y páginas del papel couché por ser vos quien sois, nada más. A ninguna de las dos la madre naturaleza le sonrió como lo ha hecho con sus sobrinas reales, pero a ellas el pueblo las vio crecer; a las niñas Borbón Ortiz, no.

Entre mascarillas y ausencias, el alma de Leonor y Sofía ha mutado de niña a mujer y nadie sabe cómo ha sido. De aquellas dos pizpiretas renacuajas de bucles dorados no queda nada, hoy son dos adolescentes en plena mutación. Hay que decirlo, y se dijo. Son monísimas, sí; casi influencers de moda, también puesto que todo lo que se ponen se agota, pero no pasan por su mejor momento. Como todos los chicos y chicas de su edad viven un proceso de cambio que no les favorece nada. Su rostro ni es infantil ni es juvenil es un “estoy a caballo de algo” que cuando florezca sorprenderá al mundo. De momento no.

Hoy, la belleza clásica de Leonor surge inmadura e insípida acentuada por los modelitos de ‘vieja’ que ha lucido tanto en su visita al Museo de Dalí, como en el taller impartido por Hadi Partovi, consejero delegado de Code.org, a jóvenes de la Fundación Princesa de Girona. El vestido midi blanco con estampado rojo de Mango que lució la princesa en el Museo Dalí ya se ha agotado y el segundo, un vestido camisero, con media manga, botonadura central y atado a la cintura, una prenda confeccionada en viscosa firmada por la marca española Polín et moi se estrena en el vestidor de la princesa y va camino de agotarse. Lo cierto es que ambos modelitos le quedarían mejor a su madre que a ella. No olvidemos que tiene 16 años.

Doña Leonor y Doña Sofía en el Museo Dalí

Casa Real_Doña Leonor y Doña Sofía en el Museo Dalí

El futuro e indiscutible atractivo de su hermana Sofía, un auténtico clon de la tía abuela Irene, también llega deslucido a la vida posmascarilla por culpa de eso que llaman adolescencia y que solo lo cura el óxido del tiempo. Más moderna, más acorde con su edad, Sofía ha lucido dos vestidos minifalda boho chic, un estilo al que nos tiene bastante acostumbrados. El modelo que lució en el museo lo estrenó el pasado 12 de octubre durante el desfile de la Fiesta Nacional. Con su hermana en el internado, Sofía se convirtió en princesa por un día con un minivestido étnico beige con ribetes negros de la firma francesa Claudie Pierlot, modelo que repitió para la visita a Figueres. Para el taller matutino sobre computación se decantó por otro minivestido de corte romántico en blanco roto, manga ligeramente abullonada, escote de pico y cintura ceñida de Zara. Ambos agotados.

No podía ser de otra forma, como en la otra cumbre de la OTAN, las hermanas se aferraron al universo de las alpargatas para completar sus outfits, cada una con su cuña correspondiente según estatura. Sofía que ha heredado la altura paterna puede permitirse el lujo de ir plana o con una cuña menor; Leonor, la primogénita, parece que no se tolera que sea más baja que su hermana y siempre luce una cuña mayor, con la intención de para igualarlas en altura. ¿Absurdeces del protocolo o de mamá Reina? 

Las cosas cambiaron para la gran cita. Para la entrega de premios en Auditorio de Cornellà (Barcelona), sin ningún asistente de la Generalitat y en presencia de sus padres los Reyes de España, el look de las hermanas volvió a ser la comidilla de la corte y de los cortesanos. Ambas deslumbraron, cada una en su estilo. La protagonista de la ceremonia, Princesa de Asturias y Princesa de Girona (entre otros títulos), llegó arropada por sus padres y por su hermana luciendo un modelo impresionante. La Princesa de Asturias estrenaba un vestido con los hombros al aire, escote cruzado y una favorecedora falda con vuelo hasta la rodilla con el que por fin lucía juvenil y al mismo tiempo que institucional, como lo requiere un evento de las características de estos premios. Respecto al peinado, Leonor se arriesgó con un recogido alto 'ballerina bun' de absoluta tendencia. 

Los reyes y sus hijas presiden los premios Princesa Girona en Barcelona

EFE_Los reyes y sus hijas presiden los premios Princesa Girona en Barcelona

Por el contrario, Sofía cambió las minifaldas por un conjunto, siempre en su línea boho, compuesto por una blusa larga de manga corta confeccionada en tul de seda con largo asimétrico (corta por delante con un nudo y larga por detrás casi hasta el suelo) y un pantalón tipo sastre de crepé en el mismo color que combinó con unas sandalias planas. La melena suelta, pero esta vez, la infanta apostó por unas ondas estilo sirena muy favorecedoras, marcadas sobre todo de la mitad a las puntas. 

Entre tanto flash, tanto cotilleo y tanto estilazo, al final la protagonista involuntaria de los premios ha sido la mano izquierda de la heredera. Leonor lució unas lesiones recientes que le recorrían, por lo menos, tres de los cinco dedos de la mano con la que escribe (la princesa de Asturias es zurda como su tía Elena), unas heridas que, según Casa Real, son fruto de “una simple raspadura”. Lo cierto es que las heridas parecían infectadas y lucían de todo menos como una simple raspadura. Teniendo una periodista en casa no deberían olvidar que siempre es mejor informar que dar rienda suelta a las elucubraciones. 

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