LA DOLENCIA QUE SUFRE LA REINA

La mala pata de Letizia

A los 50 abrimos la puerta a los primeros dolores, por más ácido hialurónico, por más Bótox que nos inyectemos, medio siglo es medio siglo. La reina, como la ratita presumida, ha pagado por su vanidad, por abusar de los tacones marca de la casa

EFEFelipe VI y Letizia presiden la tradicional recepción tras el desfile por el Día de la Fiesta Nacional

Anda la corte alborotada por el mal de pie que sufre Letizia, una dolencia que tiene más de currito que de regia estirpe. La tortura de la reina nada tiene que ver con la que soportan aquellas personas que permanecen de pie toda su jornada laboral, ni por asomo se acerca al sufrimiento de las dependientas de los grandes almacenes. El dolor de la reina es por culpa del abuso de los zapatos de tacón, por encaramarse al andamio con la intención de acortar la distancia que hay entre su 1,70 y el 1,97 del rey. Veintisiete centímetros tienen la culpa de su metatarsalgia crónica transformada ahora en neuroma de Morton.

Desvelada por la mismísima Letizia en la recepción del 12 de octubre, la noticia ha corrido como la pólvora entre los mentideros de la corte. Lógico. Desde siempre, la resaca de la celebración del Día de la Hispanidad ha alimentado, además de las políticas, tertulias del corazón cuyos analistas examinan exhaustivamente el besamanos, los modelitos de ellas (los de ellos parece que nunca interesan) o el arte del plongeon. Siempre ha habido algo que contar. Hasta que el covid irrumpió en nuestras vidas y nos dejó sin recepción real. Tras dos años de sequía, la fiesta del 12 de octubre volvió a ser lo que era y con ella regresaron los comadreos. El de este año ha sido la mala pata de Letizia. 

EFE | La dolencia obligó a la reina interrumpir el saludo a los invitados cada 20 o 25 minutos

Recepción interrumpida

Hace tiempo que sabíamos que la reina, a pesar de su paso engallado, su barbilla encumbrada y su rítmico braceo, sufre un dolor insoportable en el pie izquierdo por culpa de una metatarsalgia crónica; el pasado 12 de octubre nos enteramos de que esa dolencia ha derivado en un neuroma de Morton que, a pesar de la analgesia, le obligó a interrumpir el saludo a sus 2.500 invitados cada 20 o 25 minutos para dar algunos pasos o incluso descalzarse por unos instantes.

El neuroma de Morton es una dolencia que provoca crisis muy dolorosas por culpa del engrosamiento del tejido de los nervios del pie. Es operable, pero por lo visto los especialistas le han desaconsejado que se someta a la intervención porque no siempre el quirófano soluciona el problema.

Los que la conocen sostienen que detesta los tacones, lo cierto es que lo disimula muy bien. No conocemos el tipo de calzado que acostumbraba a llevar la periodista Letizia Ortiz Rocasolano, lo que sí sabemos a ciencia cierta es que, desde que cambió la redacción por el palacio, Letizia no se ha bajado del tacón. Lleva casi 19 años encaramada a plataformas de infarto y eso se paga. 

EFE | Doña Letizia, con zapatos con tacón de aguja durante la recepción

Alguien de su entorno le tendrá que contar las verdades del barquero. Por muy presumida, vanidosa o perfeccionista que sea, llega un momento en el que hay que claudicar. La reina acaba de cumplir 50 años y por mucha corona que luzca, es como los demás. 

50 años son 50 años

En la segunda parte del partido, el óxido del tiempo comienza a gastarnos sus bromitas. Por más que nos empeñemos, por más ácido hialurónico, por más Bótox que nos inyectemos, medio siglo es medio siglo. A los 50 abrimos la puerta a los primeros dolores de huesos, al colesterol, al azúcar, la menopausia, el descontrol de tensión, la osteoporosis y mil cosas más. A cada motor le da por una cosa diferente.

La medicina estética ha avanzado mucho, tanto que puede hacer que aparentemos 10, 15 o 20 años menos (recuerden el rostro de Carmen Lomana que los 70 ya no los cumple), puede que rejuvenezca nuestro chasis, pero el motor es el motor y las goteras son inevitables. Letizia, como la ratita presumida, ha pagado por su vanidad, por abusar de los tacones marca de la casa.

Dada su preocupación por la imagen, Letizia debería dar las gracias porque el dolor no se ve como se verían unos antiestéticos juanetes (que sí son operables). El dolor, como las hemorroides, se sufre en silencio. Lo cierto es que el calvario del neuroma de Morton es lo más parecido a que te claven con ahínco varias agujas de punto en la planta del pie. Es más que insoportable. Letizia tiene dos opciones: bajarse del tacón o anestesiarse el pie como Nadal. Algún día nos entrará en la cabeza que la guerra contra el envejecimiento es, y será siempre, una batalla perdida. Un consejo, se puede ir cool con zapatos planos. Solo tenemos revelarnos y ponerlo de moda. Como las canas.