‘Harry y Meghan’ destapa el lado oculto de la prensa y su relación con la familia real británica

Netflix estrena los tres primeros capítulos de la vendetta de los duques de Sussex. Los siguientes verán la luz el 15 de diciembre

Fotograma del documental de Netflix de Meghan y Harry

NETFLIXFotograma del documental de Netflix de Meghan y Harry

“Esta familia es nuestra y la podemos explotar. Este trauma es nuestra historia y nosotros la controlamos”. Harry jamás ha escondido el rencor que tiene hacia los paparazzi a los que siempre ha culpado de la trágica muerte de su madre en aquel accidente en el Pont de l’Alma de París. Lo que nunca había contado es la relación que mantiene la prensa británica con la familia real. El hijo menor del rey Carlos III dedica el tercer capítulo del documental Harry y Meghan, recién estrenado en Netflix, a desmontar las razones de los abusos de la prensa británica. El acoso mediático al que está sometida la familia real inglesa no tiene comparación con ninguna otra y, según Harry, tiene una explicación.

“Existe un selecto grupo de periodistas a los que llaman expertos en casa real, que es lo mismo que corresponsales de la realeza, a los que les permiten contar historias de la familia y se les paga por ello. Sólo por tener ese título, se da por hecho que son fidedignos, es como una credibilidad adicional a lo que cuentan los periódicos. La familia real forma con ellos un movimiento extendido de relaciones públicas, entre ambos hay un acuerdo que lleva en marcha más de 30 años”, explica el duque de Sussex. Ese grupo es conocido como el Royal Rota y “si formas parte del Rota tienes prioridad sobre la noticia antes que nadie”.

Aún hay más. Sostiene Tim Burt, vicepresidente de Teneo y asesor estratégico de Archewell (la organización benéfica que Harry y Meghan fundaron en Beverly Hills cuando les prohibieron utilizar la marca marca SussexRoyal), que “existe una especie de contrato verbal entre la institución y la prensa. Tal y como lo exponen los medios, el contribuyente en el Reino Unido paga por la familia real y a cambio de esos pagos se espera que la familia esté disponible para ellos. Es algo así como ‘nosotros pagamos, vosotros posáis’. Ellos sienten que tienen un deber para con sus lectores de sacar a la luz aspectos privados de sus vidas. No todo está siempre relacionado con el hecho real”.

El Royal Rota es un sistema mediante el cual se asignan acreditaciones a ciertos medios para informar sobre los miembros de la familia y por muy agresivos que hayan sido sus artículos anteriores, siguen manteniendo su derecho de estar en el Rota. “Todas las noticias de la realeza pasan por el filtro de estos periódicos, dentro de los cuales todos son tabloides menos el Telegraph. Todo pasa un control”, añade Harry dando paso a unas declaraciones de un joven Carlos III. “Cámaras vigilándote desde todas partes, grabando cada movimiento. Si no intentas elaborar en tu propia mente algún método para existir y sobrevivir a este tipo de avalancha te enfurecerías”.

El caso es que no parece que se lo haya inventado cuando tras estas declaraciones trufa un montón de imágenes en las que se puede escuchar como los miembros de seguridad real gritan: “Rota, un par de pasos más atrás, por favor”, “Disculpen, muévanse”.

De los tres capítulos estrenados, el único que sorprende es el tercero. El primero y el segundo, a pesar de mostrar miles de imágenes inéditas, la pareja rememora su noviazgo, la petición de mano, la boda, lo difícil que es convivir con la familia Windsor incapaz de soltar el protocolo una vez cerradas las puertas de palacio. No se olvidan del racismo implícito en la sociedad británica.

La historia contada desde dentro

Arranca la vendetta de los Sussex con dos frases fundidas a negro: "La historia de Enrique y Meghan, contada de primera mano con documentos personales jamás mostrados". "Miembros de la Familia Real se han negado a comentar el contenido de esta serie".

Harry, justo al terminar la última ronda de compromisos institucionales, graba un vídeo selfie. “Hola, estamos aquí en... miércoles, no sé qué día de marzo de 2020. Es muy duro mirar atrás ahora y decir: ¿Qué diablos ha pasado? ¿Cómo hemos acabado aquí?".

El díscolo pelirrojo había comunicado oficialmente su deseo de romper las cadenas que le mantenían atado al férreo protocolo de la vetusta monarquía británica. La noticia cayó como una bomba de relojería en la familia Windsor. El nieto favorito de la reina sorprendió a todos con su deseo de apartarse de sus funciones en la Corona. Ante tal bravata, Isabel II tuvo que elegir entre la familia o la monarquía. Como siempre, el deber pudo más que la devoción. Con todo el dolor de su corazón, la anciana Lilibeth retiró a los duques de Sussex el título de Alteza Real y todo tipo de financiación pública. Por supuesto, se les apartó de los compromisos reales, incluidos los militares. Se van a cumplir tres años de la espantá del Príncipe Harry, la reina acaba de fallecer. Hoy, Harry es el hijo menor del rey de Inglaterra al que le tiene preparado un ajuste de cuentas que rezuma falta de cariño, dolor y cierto desequilibrio psicológico forjado a través de una infancia complicada.

En el primer capítulo la pareja desvela al mundo lo que supuso para ambos abandonar a los Windsor. Recopilan una serie de titulares de ese momento que resultan insultantes e insoportables para cualquier persona. Los tabloides británicos viven de sacar punta a todo. Fuera de contexto y vistos desde fuera sus titulares se explica de dónde hemos importado la telebasura y los clickbaits que tanto han proliferado en los medios digitales. “Dramático y sorprendente anuncio del príncipe Enrique y Meghan Markle", "Dan un paso atrás en sus deberes institucionales" o "El príncipe Enrique parece estar en una trayectoria de autodestrucción". No solo en la huida real se regodearon los tabloides con los Sussex, no. En las noticias que se publicaron entre la pedida y la boda, llegaron a escribir que “Meghan poseía un ADN exótico", refiriéndose a su condición de mestiza. Y de ahí hacia arriba en el tono.

“Esta no es sólo nuestra historia, siempre ha sido algo más grande que nosotros. Nadie sabe la verdad, pero nosotros sí. La Institución sabe toda la verdad y los medios también porque están metidos en esto. Creo que cualquier otro en mi situación habría hecho lo mismo. Mi trabajo es proteger a mi familia. Estoy profundamente preocupado por la seguridad de mi familia. Esto es una cuestión de deber y servicio, y creo que al pertenecer a esta familia tengo el deber de destacar la explotación y el soborno que se producen en nuestros medios", subraya el pelirrojo.

Mensajes subliminares al rey y al príncipe

Obsesionado con su madre y el sufrimiento que le ocasionaron las hordas de paparazzi desde mismo instante que se supo que ella era la prometida real, la figura de Lady Di está presente en los tres primeros capítulos estrenados (los tres restantes verán la luz el próximo 15 de diciembre).

Así, Harry y Meghan vuelven a contar, lo que ya le descubrieron a Oprah Winfrey, que se conocieron por Instagram, que ella no sabía nada de la familia, resucitan de nuevo su viaje a Botsuana, la pedida y lo ingenuos que fueron al pensar que una vez casados la presión mediática acabaría. Todo trufado con fotos personales, selfies, vídeos inéditos y apoyado por las declaraciones de amigos personales.

Por supuesto Harry no se olvida de enviar bombas subliminares a su hermano y a su padre. "Creo que, para algunos miembros de la familia, sobre todo para los hombres, puede existir la tentación de casarse con alguien que encaje en el molde en vez de con alguien con quien puede que estés destinado a vivir. Es la diferencia de tomar decisiones con la cabeza o con el corazón. Mi madre tomaba muchas decisiones, si no todas, con el corazón. Yo he salido a mi madre", recalca Harry al tiempo que confiesa que no tiene muchos recuerdos de ella. “Es como si, internamente, los hubiese bloqueado. Pero siempre me acuerdo de su risa descarada. Ella me decía 'si haces algo malo, que no te pillen'. Siempre seré esa persona descarada".

El racismo real planea sobre el segundo capítulo. No desvela quien o quienes fueron los miembros de la familia real que andaban preocupado por el color de piel de Archie antes de nacer. Tiran del activismo de Meghan contra el machismo y el racismo. Recuerdan que consiguió que una empresa de lavavajillas cambiara su anuncio porque una adolescente Meghan se quejó del machismo implícito en su eslogan. Ella confiesa que, como mestiza, nunca sintió pertenecer a una minoría. “Es diferente pertenecer a una minoría, a ser tratada como una minoría desde el principio. Ahora diría que la gente es muy consciente de mi raza porque en el Reino Unido le dieron mucha importancia”, denuncia mientras en la pantalla se leen titulares racistas y absolutamente inadmisibles.

Racismo en la monarquía y en la sociedad

A pesar de las críticas y de su falta de escrúpulos, los tabloides, también llamados red-tops, tienen millones de lectores y ejercen una gran influencia sobre la política, desde su nacimiento se convirtieron en árbitros de la opinión pública. Son máquinas de fango, montañas de basura capaces de influir en el Gobierno. Se nutren de escándalos políticos y de la vida de los famosos. La familia real aúna estos dos mundos y, según Harry, pagan a sus miembros del Rota. “La prensa amarilla la forma una serie de publicaciones, pero también es una mentalidad. Y es tóxica. Han cruzado una línea muy peligrosa”, denuncia David Olusoga.

El autor de Black and British recuerda que la monarquía británica en su esencia es racista. Isabel I fue la responsable del establecimiento del comercio británico de esclavos del cual se benefició económicamente. “La trata de esclavos fue abolida el 25 de marzo de 1807. Lo que no se pudo contar, y para eso estamos aquí, es que a los esclavistas se les compensó con 20 millones de libras por su propiedad humana.

Los contribuyentes compensaron a los esclavistas durante más de 180 años. El Reino Unido creció sin conocer esa historia ni su legado, ese que a mediados del siglo XX fue a las islas del caribe a reclutar personas para conducir autobuses o para convertirlas en enfermeras del recién creado Servicio de Sanidad Nacional”, añade.

Vendieron el enlace interracial de Harry y Megan como un soplo de aire fresco para la realeza británica. Mas de 2.000 millones de personas en todo el mundo siguieron su boda retransmitida en directo. La Firma pretendió acercar la monarquía británica a las nuevas generaciones y presumía de una indómita norteamericana que, saltándose el protocolo, había decidido avanzar sola hacia el altar. Pero la paz duró bien poco. “En un país que estaba teniendo un debate bastante tóxico sobre la Unión Europea, que culpabilizaba a los inmigrantes de ser su problema principal, el tema manaba en todas las discusiones de las redes sociales. En este país la inmigración es un mensaje cifrado de racismo”, advierte Olusoga.

“¿Podrá Palacio persuadir a los tabloides para que se controlen?”, se pregunta el alto el escritor. Harry, tras su enlace de cuento de hadas, se dio cuenta de que nada iba a cambiar, sintió que todo lo vivido por Lady Di se podía repetir en la figura de su mujer y decidió romper con todo y con todos.