Dejad a María del Monte en paz

Si de verdad nos importara un bledo con quien se acuestan los demás, en lugar de hablar de la salida del armario de la cantante estaríamos ovacionando la originalidad del mantón flamenco LGTBI que lució en el pregón. Tengamos la fiesta en paz y seamos tolerantes al reclamar tolerancia

María del Monte

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Malamente (tra tra). Si de verdad los todólogos televisivos se centraran más en amar (que ya tiene su enjundia) en lugar de husmear en el corazón del prójimo (sobre todo cuando éste no quiere); si de verdad dejaran de meterse donde no les llaman, si de verdad nos importara un bledo con quien se acuestan los demás (con él, ella, ellos, ellas); si de verdad no hubiera nada que reivindicar hoy, en lugar de hablar de la salida del armario de María del Monte (si es que alguna vez estuvo dentro), estaríamos ovacionando la originalidad del mantón flamenco LGTBI que lució la cantante en el pregón del Orgullo sevillano. Tri tri. Triana. Me quedo con el mantón. Dejad a María del Monte en paz.

Como todos los años, junio agota sus días con Orgullo. Revolotea sobre el solsticio de verano el emblema multicolor, sus necesarias reivindicaciones y la soporífera guerra de banderas que todo lo enfanga. Muere junio con Orgullo, con fiesta, jolgorio y cabalgata, pero sin tolerancia. Sin tolerancia política y, lamentablemente, sin tolerancia multicolor. Unos prohibiendo banderas, renegando de fiestas que les gustaría desterrar, pero no pueden porque la pela es la pela y saben que los dos millones de visitantes que llegarán a Madrid para celebrar el Orgullo LGTBI 2022 engordarán las arcas con unos 400 millones de euros; los otros, con el derecho que parece les otorga el estandarte gay dedicándose a juzgar y hurgar en la vida privada de quien ha decidido confesar al mundo que “no es un robot” y que “conoció al amor de su vida hace 23 años”. Caminan estos últimos entre la delgada línea roja de la legalidad, diciendo sin decir, sacando del armario sin sacar. Ahora toca bombardear al respetable con las imágenes robadas que hasta ahora no era legal publicar.

Andan los tertulianos de boñiga frivolizando con una noticia que no es noticia porque hasta ellos la conocían, porque María del Monte jamás se ha ocultado. ¿Quién es la tórrida Tárrega para estimar que llega tarde, que hace 20 años esas declaraciones habrían hecho mucho bien al colectivo? ¿De dónde se han sacado los boñigólogos la idea de que María del Monte ha salido del armario porque se ha muerto su madre y ya no tiene presión familiar? Desde que aireara el mantón LGTBI trianero la sevillana ha tenido que entrar a callar bocas, primero en Sálvame y luego en el Deluxe.

“Mi vida privada no tiene precio”

El pregón de María del Monte se ha convertido en la noticia del fin de semana. El viernes por la tarde el programa de Telecinco arrancó con todo el equipo entrando al plató ondeando la bandera multicolor. Ya tenían estiércol para toda la tarde. ¡Qué paren las máquinas! Notición. Terelu, la presentadora insoportable de los viernes, llamó a la cantante para regodearse en una supuesta confesión. "Me gustaría que mirarais en el diccionario lo que significa 'confesar', es reconocer un delito. Yo no he tenido nada que confesar. Yo no me he liberado, no he sido prisionera de nada, ni de nadie, porque el amor no tiene prisiones. No me he escondido de nadie. Mis amigos y mi familia conocen mi vida, pero eso forma parte de mi privacidad y voy a seguir luchando porque siga así. Cuando cosas como esta dejen de ser noticia, será normal", corrigió la sevillana.

Por la noche, de nuevo, María del Monte se vio obligada a entrar en el Deluxe para corregir a Jorge Javier Vázquez por las especulaciones y comentarios que estaba haciendo en el plató. “Todos conocíais mi vida, y voy a seguir sin ponerle precio. La única verdad que prevalece en el tiempo es el amor y nunca me he escondido por amar y ahora menos".

Endiosado como está el de Badalona y aferrado a su derecho como gay confeso se comportó como lo que es, un auténtico impertinente. Parapetado tras esa risita socarrona que le caracteriza, Jorge Javier le preguntó: “María, ¿te vas a casar?".

"A ti que te importa, eso es lo que no puede ser. Es un día para celebrar y no para reivindicar. Yo no tengo que estar todo el día hablando de esto, porque no sería bueno ni normaliza nada", le espetó la cantante.

"Déjate de tonterías y ponte a hacer el Cántame lésbico", le contestó Vázquez. María del Monte no estaba para bromas y sentenció: "Escúchame con las dos orejas. Frivolizar con estas cosas no se deben hacer porque flaco favor se hace a la gente que lo está pasando mal".

Resulta un sinsentido que programas como estos surjan de una productora gestionada y dirigida por profesionales que pertenecen al colectivo LGTBI. El presentador, la dirección de los programas y los gestores de La Fábrica de la Tele deberían tirar de la misma tolerancia y respeto que su colectivo exige a los políticos y a la sociedad. El cambio empieza por uno mismo.

Mucho que reivindicar

Vivimos en un país que no persigue a nadie por su condición sexual, un país que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo, lo que no significa que seamos una sociedad respetuosa. Por muchas razones. Para empezar porque la homofobia existe, porque en 2021 los ataques al colectivo LGTBI fueron más violentos y aumentaron un 9,3%. No somos tolerantes porque, en pleno siglo XXI, una pareja del mismo sexo no puede caminar de la mano, besarse o abrazarse en público. Bueno, poder puede, pero según el barrio, según el pueblo, según la ciudad. No somos tolerantes porque maricón sigue siendo un insulto. No somos tolerantes porque la lista de reivindicaciones sería interminable.

No somos tolerantes ni con las banderas

Lo cierto es que no hay junio sin sarpullido. En Madrid el Partido Popular no se siente muy cómodo con la celebración del Orgullo. Para empezar, no quiere ni oír hablar de banderas y, aferrado a una sentencia del Tribunal Supremo, el alcalde José Luis Martínez-Almeida se niega colocar la bandera en el Ayuntamiento. No quiere movidas como las que tuvo con Vox en 2019. Tampoco las pondrá Isabel Díaz Ayuso en Sol. La presidenta de la Comunidad sostiene que “la de España ya representa la igualdad”. Nada más que añadir.

Es cierto que desde junio de 2020 solo se pueden colocar en los edificios públicos banderas oficiales, ahora bien, se pueden emplazar con forma de pancarta, sin mástiles, como la de los refugiados de Carmena, por ejemplo. Poderse se puede, el asunto es querer.

En este sentido, las denuncias de la ultraderecha están dando mucho trabajo a la judicatura. En Zaragoza el Tribunal Superior de Justicia de Aragón (TSJA) acaba de concluir que el Ayuntamiento no incumplió la ley de banderas ni el “principio de neutralidad “al colocar el año pasado en su fachada una pancarta con los colores del colectivo LGTBI. Según esa sentencia, sería igual que poner una “con los colores del Real Zaragoza, el día que se festeje el ascenso a Primera”.

Después de dos años sin Orgullo, parece que los responsables del consistorio madrileño no querían más lío con aquellos que les entregaron la vara de mando. Intentaron trasladarlo a IFEMA, pero la boutade no sobrevivió a los cálculos económicos, 400 millones son muchos millones para despreciarlos.

El caso es que este año, como las fiestas coincidían con la cumbre de la OTAN que se celebra en Madrid entre el 28 y el 30 de junio, el Orgullo, una fiesta que reivindicativa que surgió tras la revolución del Stonewall en Nueva York y que por unos días coloca a Madrid en el centro del mundo, se celebrará del 1 al 10 de julio. Tengamos la fiesta en paz y seamos tolerantes al reclamar tolerancia.

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