Casa Real

Corinna da jaque mate al emérito

La dama blanca amenaza al Rey con airear los nuevos chismorreos ultraconyugales en un podcast y acelera la negociación con sus abogados, el acuerdo está al caer

Corinna Larsen

“A los hombres se les ha de mimar o aplastar, pues se vengan de las ofensas ligeras, ya que de las graves no pueden: la afrenta que se hace a un hombre debe ser tal que no haya ocasión de temer su venganza”.

Sin duda, Corinna Larsen tiene grabadas a fuego estas palabras de El príncipe de Maquiavelo. Su afrenta real no tiene parangón. La mujer que durante cinco años (2004-2009) mantuvo una relación con Juan Carlos I, la examante real ha descargado toda su artillería del despecho contra el que un día sintió, según ella, que era “su marido”. El pasado 2 de noviembre, justo el día del cumpleaños de la Reina Sofía (qué casualidad), anunció su regreso a los medios de comunicación en forma de podcast. Una venganza estudiada al milímetro con la que la exprincesa blonda de mirada gélida pretende apuntillar la deteriorada imagen del emérito y, de refilón, salpicar a la monarquía española. Ella, como el autor del clásico tratado de política, no ha dejado nada al azar. Los ocho capítulos del podcast estarán disponibles, a partir de hoy, en las principales plataformas, justo a la víspera de que se reanuden en el Tribunal de Apelación británico las sesiones de la demanda por acoso que la alumna aventajada de Maquiavelo interpuso a Juan Carlos I.

Corinna sabe perfectamente lo que hace. Como la gran maestra que es, ha estudiado su partida de ajedrez al milímetro. Este ataque india de rey no ha hecho más que encolerizar a su majestad. La dama Corinna amenaza al Rey con airear los nuevos chismorreos ultraconyugales. Con este jaque, los abogados del emérito se han visto obligados a acelerar el proceso de negociación con los representantes legales de la dama. Se trata de evitar, por todos los medios, que Juan Carlos I se siente en el banquillo británico para responder a la demanda por acoso que le interpuso la teutona. El acuerdo tiene que está al caer, porque la imagen del rey en el banquillo destrozaría aún más su maltrecho legado y pondría en un serio aprieto a su hijo, el rey Felipe VI, y a su nieta, la Princesa de Asturias.

Juan Carlos I junto a Corinna Larsen

Juan Carlos I junto a Corinna Larsen

No se engañen, la movida del amancebamiento real no va de amor y desamor. El conflicto es un asunto pecuniario y los asuntos monetarios se arreglan con más dinero. Todo por culpa de unos 65 milloncejos de euros de nada que el emérito transfirió a las cuentas de Corinna para que los custodiara y que ella tomó como un regalo de despedida. Así, cuando el monarca se los reclamó, ella se negó a devolverlos. Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita, por muy Rey de España que se sea. 

Mientras los medios de comunicación se atragantan con el caramelo que Projet Brazen les ha colocado en los labios, mientras  la corte se frota las manos contando las horas que faltan para revisitar la historia dirigida por Bradley Hope y Tom Wright, comentada por periodistas españoles como Pilar Eyre, David Jiménez, o el historiador británico afincado en España Paul Preston; mientras resucitan de nuevo las soberanas supuestas ansias por el dinero, su historia de amor o la cronología del pobre principito que fue separado de su familia por un dictador; mientras regresan los titulares del principito de mirada triste que tuvo una participación en la muerte de su hermano en un accidente, el mismo que reestableció la corona borbónica y la Democracia en un país que concibió su figura como inviolable para así poder realizar las fechorías que le vinieran en gana; mientras perdemos el Oremus con los mismos comadreos, los representantes de Juan Carlos I se afanan por negociar a la carrera un acuerdo que termine de una vez por todas con la afrenta.

El círculo cercano del emérito sostiene que su majestad está que trina, porque está convencido de que Corinna utilizará el podcast para quedar como la víctima, la pieza débil de la partida, la engañada por el peligroso universo real. Los actos siempre tienen consecuencias y en este affaire la culpa es suya.

Visto desde fuera, ninguno de los dos es un santo. Ella sabía perfectamente donde se metía y él se encaprichó de una exuberante mujer de la edad de la Infanta Elena (entre la primogénita y Corinna solo hay un mes de diferencia). De verdad se creyó su majestad que a los 66 años le iba a pasar como al Tío Alberto de Serrat que “al final del camino le esperaba la sombra fresca de una piel dulce de 40 años donde olvidar los desengaños de lustros de amor”. La princesa le salió rana al soberano, al igual que el rey se trocó en sapo al despojarse de la corona.