Exención de visados a Colombia y Perú: un homenaje a Gabo

A todo lo largo de la legislatura europea 2009-2014 he tenido el honor de ser Ponente en la Eurocámara (PE) de uno los expedientes legislativos más decisivos en la respuesta europea a la cuestión migratoria: Código Europeo de Visas e Iniciativa Parlamentaria de Visas Humanitarias.

La idea básica del nuevo Código Europeo de Visas (art.77 TFUE) -todavía hoy pendiente de desbloqueo por el Consejo (gobiernos de los Estados Miembros), y consiguiente aprobación definitiva por el PE-, asienta su base jurídica en el mandato que establece el Tratado de Lisboa (TL) para la construcción de una política de inmigración común con una normativa europea de entradas y salidas del territorio de la UE.

Y es verdad que dicha base continúa cargada de sentido, pese a, o precisamente a causa de las oportunidades perdidas en el enfoque y manejo de la llamada “crisis de los refugiados”: Porque un Código Europeo para la autorización de entradas de corta duración (hasta 90 días) en el Espacio Europeo de libre circulación comporta un doble objetivo. a)- Primero, simplificar y facilitar, mediante la legislación europea, el lícito acceso de personas al territorio de la UE mediante una gestión común de sus fronteras exteriores (con un visado europeo); b)- Segundo, y complementariamente, establecer de una vez alguna vía legal -al menos una opción regular– de ingreso en territorio europeo, para poder solicitar, desde dentro de la UE, asilo, refugio, o subsidiariamente algún tipo de protección humanitaria. ¡Al menos una vía legal -una vía regular– a quienes, de otro modo, se han visto y se verán forzados a entrar irregularmente, aun arriesgando para ello su integridad o su propia vida y la de sus seres queridos (familia, mujeres, menores vulnerables), poniéndose en manos de las rutas de los tráficos ilícitos, en esas infernales redes de explotación de personas que han hecho de la inmigración irregular un negocio tan lucrativo como carente de escrúpulos!

Y en efecto, buena parte del trabajo legislativo desarrollado ha consistido en determinar los criterios por los que ciudadanos/as de determinados países puedan resultar exentos de visado (visa-free) en su acceso a la UE.

En ese contexto, presidí los trabajos de la Comisión de Libertades, Justicia e Interior del PE (Comisión LIBE) conducentes a la exención de visado en dos países latinoamericanos de habla española -Colombia y Perú- con los que históricamente España ha sostenido relaciones preferentes y ha actuado para ellos (como para el resto del continente latinoamericano) como interlocutor privilegiado y promotor de intereses estratégicos en la política exterior y de cooperación de la UE.

Sin otro merecimiento que el de haber impulsado desde la Presidencia de LIBE el completamiento, con éxito, de ambos expedientes legislativos, me fueron otorgadas en su día sendas condecoraciones de la República de Colombia -el presidente Santos me distinguió con la Orden de San Carlos– y de la República de Perú – el presidente Martín Vizcarra, me acaba de imponer su Gran Cruz de la Orden del Mérito por Servicios Distinguidos, que me fue solemnemente impuesta en su Embajada ante la UE el pasado 26 de septiembre en Bruselas-.

Una evocación personal me sirve para ilustrar el aprecio de este espacio de legislación europea. Retengo en mi memoria, con toda claridad mi encuentro, en Cartagena de Indias (Colombia) con Gabriel García Márquez (1927-2014), el inolvidable autor de Cien Años de Soledad (1967), premio Nobel de Literatura (1982), universalmente aclamado por su admirado genio del realismo mágico… Y desde luego también una de mis referencias cumbre no solamente en la novela sino en otros derroteros de la formación de mi personalidad, aun después de su muerte.

Tuve el honor de almorzar con él con ocasión de mi participación en la Conferencia Iberoamericana de Ministros de Justicia en Cartagena de Indias (2006). En esa misma ocasión me entrevisté largamente con el entonces Presidente de Colombia, Alvaro Uribe, en la primera de una serie de contactos que se multiplicaron e intensificaron posteriormente, con la implicación de España -Gobierno de Jose Luis Rodríguez Zapatero- en la promoción del Programa Justicia y Paz del presidente Uribe ante la UE, cuyo respaldo era crucial para el gobierno colombiano.

Recuerdo con toda nitidez que Gabriel García Márquez me subrayó en aquel almuerzo su determinación de no volver más a España… hasta que se suprimiese la (entonces todavía en vigor) exigencia de visados para los colombianos/as, en su día restablecido (como un requisito de entrada en nuestro país) en consecuencia de la pertenencia de España a la UE y su ordenamiento. Y puedo evocar también mi conversación al respecto con Felipe González, antiguo Presidente del Gobierno de España, amigo personal de Gabo y testimonio perdurable de la influencia española en la mirada europea hacia América Latina.

Porque desde aquel entonces acabar con la exigencia de visado para la entrada en España (como en el resto de la UE, en un Espacio Europeo de Libertad, Seguridad y Justicia en el que es un pilar básico la libre circulación de personas) sobre los ciudadanos y ciudadanas de Colombia, Perú, junto con otras Repúblicas hermanas en la comunidad latinoamericana, pasó a ser un objetivo prioritario (y compartido, pues, por los sucesivos gobiernos de PSOE y de PP) de la política española en el conjunto de la UE.

Me siento en esto orgulloso -modestamente, en estrecha colaboración junto al resto de compañeros españoles, de distintos Grupos y partidos, en la Comisión LIBE del PE- de haber podido contribuir a su realización. Y agradezco humildemente el reconocimiento que esta consecución de marcado acento español (y canario, en mi caso) haya podido merecer y obtener de los pueblos hermanos de Colombia y de Perú, y por sus autoridades, sus respectivos Presidentes y Asambleas Nacionales.

Solo lamento en el corazón que Gabriel García Márquez haya muerto (2014) sin haber visto completado el trabajo que iniciamos para restituir a sus paisanos el derecho de entrar y salir de la UE sin visado. Donde quiera que estés, va por ti, Gabo.