La UE no es un libro en blanco

La UE no está en buena forma. De hecho, se halla sumergida en la peor crisis de su historia. Si se nos dijo que en su inicio fue una crisis financiera, su impacto económico y social la hizo devenir una profunda crisis de identidad y de proyecto político. Y su pésimo manejo la ha cronificado.

En contexto tan sombrío, las únicas instituciones de las que se han recibido buenas noticias en los últimos años, y no por casualidad, han sido el Tribunal de Justicia (TJ), garante de la primacía del Derecho (ahí están sus sentencias sobre la privacidad ante el espionaje de EEUU y sobre los desahucios en España) y el Parlamento Europeo (PE), único órgano de la UE legitimado directamente por el sufragio universal de 500 millones de europeos.

La Comisión, guardiana de los Tratados, aparece patéticamente debilitada ante un Consejo -órgano que reúne a los ejecutivos de los EE.MM- cada vez más escorado al repliegue nacional. A la confrontación de egoísmos cortoplacistas sin voluntad de Europa. E incapaz de superar la regresión antieuropea que agita a segmentos pujantes de sus opiniones públicas y la dinámica de vetos impuesta demasiadas veces por la búsqueda de unanimidades, porque esas unanimidades, cada vez más imposibles, ha entorpecido como nunca el antes denominado “método comunitario” de los “pequeños pasos” hacia una integración y solidaridad de hecho.

El balance, tras diez años de Gran Recesión, crisis y glaciación europea, es descorazonador: el Consejo se ha mostrado como el “eslabón enfermo” del proceso de adopción de decisiones, remando a contrapedal y enfangado en un contraste abismal entre la promesa europea y sus incumplimientos.

Y si hay un área de actuación donde esta contradicción resulte especialmente penosa, esa es, probablemente, el del Espacio de Libertad, Justicia y Seguridad (ELSJ, arts. 67 a 89 TFUE). Un Espacio establecido en el TL, junto con la Carta de Derechos Fundamentales de la UE, como la expresión más señalada de la ambición política y de la dimensión constitucional de la construcción europea. Se trata de afirmar, nada menos, la regla del “Rule of Law”: ciudadanía, derechos, extranjería, asilo, refugio, gestión integrada de las fronteras exteriores, libre circulación en las fronteras interiores, confianza y reconocimiento mutuo, cooperación policial y judicial penal, seguridad interior y Derecho penal europeo contra la criminalidad grave transnacional (terrorismo, narcotráfico, crimen organizado, tráficos ilícitos y explotación de personas, corrupción y blanqueo de capitales...).

Tras una primera legislatura europea promisoria en este campo (2009-2014) subsiguiente a la entrada en vigor del TL, la actual legislatura (2014-2019) se encuentra ahora practicando una lamentable involución de los “paquetes” legislativos de Schengen, Asilo y Visas. Además, asistimos a una huida hacia adelante mediante la negociación de “acuerdos” apócrifos y vergonzantes. “Acuerdos” ajenos al Derecho internacional humanitario (el infame “Deal” con Turquía para contener los “flujos” luego replicados en Libia), para externalizar o subarrendar los compromisos de la UE ante la llamada “crisis de los refugiados”.

Y en este contexto, Jean Claude Juncker, actual presidente de la Comisión, comparece ante el PE con un llamado “Libro Blanco sobre el futuro de la UE” que nos ha enfadado a muchos que nos consideramos europeístas convencidos. Este llamado “Libro Blanco” de Junker ha  suscitado respuestas que han oscilado desde la perplejidad a un sentimiento, cómo no, de vergüenza, una vez más. No se espera del líder del Ejecutivo y administración permanente de la UE -la Comisión Europea que ha de ser “guardiana de los Tratados”- que actúe como si fuera el exponente de un Think Tank bajo el mensaje inconfesado “¡ayúdenme a salir de aquí!”.

De las cinco opciones propuestas por Juncker, rechazo, como europeísta, la primera (“continuar como hasta ahora”). Rechazo también la segunda (“sólo mercado interior”... y fuera todo lo demás). Y elijo, como federalista convencido, la quinta (“hacer más, y hacerlo juntos”). A lo que añado de inmediato: hay que “hacerlo” en otra dirección, con otros contenidos -recursos propios, presupuesto anticíclicos, agenda social, solidaridad, empleo, Unión fiscal, lucha contra la evasión, el fraude y los paraísos, ciudadanía y combate a los prejuicios y al odio para un demos europeo...-, es otra forma de hacerlo y otro liderazgo político (otra mayoría en el PE, europeísta y progresista, capaz de proponer cambios sin suscitar miedo ni reacción contra ellos, y conducirlos con coraje hacia una Europa mejor, capaz de casar sus discursos con sus acciones concretas).

Y, sin embargo, en esta lógica tenemos el deber de plantear todavía un Sexto escenario. Es el Escenario propuesto por el grupo Socialistas y Demócratas (S&D) en el Parlamento Europeo, que bien podría titularse "mejores soluciones europeas a los problemas que preocupan a las personas".

Este sexto escenario sería estratégico y práctico, al mismo tiempo, en su carácter. El principal mensaje sería que una mejor cooperación europea (y en algunos casos una integración más profunda) es necesaria y beneficiosa no por sí misma, sino para lograr lo que la ciudadanía reclama con mayor urgencia: prosperidad, profundización creciente y ampliamente compartida; restauración de la dignidad y calidad de las condiciones de trabajo, la democracia, de la igualdad real de oportunidades, de las libertades civiles, de la seguridad, de la paz y de un medio ambiente sostenible.

1) El mercado único debe ser reforzado con una estrategia de inversión europea para el desarrollo sostenible y un fuerte pilar europeo de los derechos sociales, así como en los sectores energético y digital y la protección del consumidor; 2) La Unión Económica, Financiera y Fiscal debe basarse en el informe de los Cinco Presidentes de junio de 2015, con una mayor responsabilidad democrática y el establecimiento de una capacidad fiscal para la zona euro con el fin de promover la convergencia socioeconómica y amortiguar los choques económicos; 3) Los derechos humanos de todos los solicitantes de asilo y migrantes deben garantizarse mediante una Guardia Europea de Fronteras gracias a una frontera y guardacostas europeas que funcionen bien, a la cooperación con los países de origen y de tránsito de los migrantes, y a la inversión en condiciones de acogida e integración dignas; 4) Debe activarse una Unión Europea de Defensa, complementaria y coordinada con la OTAN. La UE es un actor global activo, cooperativo y fuerte, comprometido con el sistema multilateral; 5) El desarrollo sostenible, la convergencia y la cohesión deben ser relanzadas en una UE de 27; y se debe reforzar la capacidad fiscal para amortiguar las perturbaciones económicas en la UEM; 6) La legitimidad democrática debe ser incrementada con la plena participación del Parlamento Europeo en todos los ámbitos, una mayor cooperación con los Parlamentos nacionales y nuevas medidas para aumentar el impacto de las elecciones europeas en las políticas europeas. Debe intensificarse la comunicación y el compromiso con los ciudadanos y la sociedad civil.

Además, el sexto escenario debería ofrecer una visión positiva y una narrativa atractiva para los ciudadanos europeos.

Aún estamos a tiempo. Pero el reloj corre en nuestra contra. Las próximas elecciones europeas del PE, 2019, nos brindarán una última oportunidad de rescatar Europa de su glaciación y del asedio de la pulsión nacionalista y del extremismo destructivo, de su Brexit y del fantasma de UExit... y de la hipocresía de ampliaciones inviables en medio de una ostensible “fatiga de ampliación” y una prolongada ausencia de “voluntad de Europa”.