¡Lo que faltaba: Dinamarca!

A todo lo largo de la interminable, agónica y pésima gestión de la crisis que arrancó en 2008 -esta devastadora glaciación europea que hemos dado en llamar Gran Recesión-, he venido insistiendo en la sumatoria de las muchas crisis que dentro de ella se encierran: la más grave, a mi juicio, deteriora sus valores y magnitudes intangibles más que las macroeconómicas.

La pérdida de identidad y fuelle del proyecto europeo, la generalización de la desconfianza, la instigación de los prejuicios y los resentimientos cruzados dentro de las opiniones públicas de los Estados miembros (EE.MM), han devengado paso a paso una Europa cada vez insolidaria, punitiva con los débiles, sesgada hacia un reductivo corsé presupuestario, cada vez más desprendido de compromiso social, hacen hoy irreconocible la UE que un día soñamos, cundiendo la desafección entre las generaciones más jóvenes y cada vez más, por barrios, entre los veteranos.

La crisis de sus valores no afecta solo a los EE.MM de más reciente adhesión, fácilmente estigmatizables por su débil radicación de los principios democráticos, por su tradición autoritaria, oligárquica y corrupta. No es sólo Hungría, ni Polonia, con ser graves y preocupantes sus involuciones reaccionarias y los severos retrocesos de su calidad democrática y nivel de cumplimiento de los llamados "criterios de Copenhague". No. También entre los veteranos -sin ir más lejos, España- han tenido lugar groseras regresiones contra las minorías, contra el pluralismo político y contra garantía de las libertades de crítica y de disidencia que dan fundamento a la viabilidad de la oposición política y, consiguientemente, a la materialización de alternativas de Gobierno.

Y, lo que nos faltaba, ¡toca ahora preocuparse por Dinamarca! La coalición conservadora en el Gobierno danés ha decidido promover la aprobación de una Ley claramente restrictiva y represiva contra los inmigrantes y contra los potenciales demandantes de asilo en el Parlamento Danés (Folketing).

La principales novedades consisten en la extensión, hasta tres años, del periodo de estancia legal en territorio danés que se requieren ahora para la viabilidad del reagrupamiento familiar reconocido como derecho en la Convención de Ginebra de 1951, y más significativo aún, la potestad conferida a la autoridad danesa para que se puedan "confiscar" (confiscation and seizure) los bienes y propiedades (assets) de cada inmigrante con vistas a la financiación de su mantenimiento y estancia.

La regresión danesa se incardina, como es notorio, en la histeria seguritaria desatada en toda la UE por la lectura (y hegemonía) conservadora de las respuestas políticas y legislativas orquestadas por los gobiernos europeos ante la ola de atentados yihadistas.

Se abunda así en la confusión -inaceptable, por falsa- entre inmigración, asilo y amenaza terrorista. Ni los inmigrantes ni los demandantes de asilo son ninguna amenaza contra la seguridad, ni reestablecer las fronteras interiores de la UE y desmantelar Schengen -de lejos el activo más preciado de la construcción europea y mejor valorado por la ciudadanía- va a redundar en incremento de nuestra seguridad frente a la amenaza terrorista: recuérdese una vez más que los atentados que más nos han dolido (Madrid 2004, Londres 2006, Paris 2015, entre otros) no fueron perpetrados por terroristas que llegaron en avión, sino por ciudadanos europeos que residían entre nosotros e incluso habían nacido aquí, en Bruselas, en Paris...

Hungría, Polonia, Brexit (referéndum 2016, en condiciones ambientales muy deterioradas para la imagen de Europa en la ciudadanía británica y hostiles a la improbable permanencia del Reino Unido en la UE), y, lo que nos faltaba... ahora Dinamarca. Es lamentable el estado de cosas al que hemos llegado en una UE cada vez más alejada de su alma e identidad primigenia. Schengen, missing in action: la libre circulación de personas -derecho fundamental constitutivo de la UE y consagrado en la Carta de Derechos Fundamentales de la UE- desaparecida en combate. Volvemos a la obligación de mostrar el pasaporte cada vez que atravesamos una frontera interior... Y, ahora, lo que faltaba: también Dinamarca en fuga de la llamada "regla del Estado de Derecho" (Rule of Law Mechanism) y de la supervisión (inane) de la actual Comisión.