Podemos: ¿Emergente o sumergido?

En la prensa española abundan estos días los artículos de opinión que escrutan el horizonte sorprendentemente abierto que conduce al 20-D. No sólo porque no parece claro quién podría alzarse con la primera posición, sino porque no hay un pronóstico cierto de la dimensión que tendrán después de esas elecciones las formaciones que han llamado en llamarse "emergentes": Podemos y Ciudadanos, o Ciudadanos y Podemos.

Tampoco sabemos el impacto que esta "emergencia" tendrá en formaciones consolidadas como, los ahora llamados "partidos tradicionales", PP y PSOE, o en la nueva vestimenta de la hasta ahora IU: Ahora en Común, así como sobre los nacionalismos de todo el arco ideológico.

Lo más llamativo de toda esta situación es que los mismos medios de comunicación (televisiones, radios, prensa escrita) que durante casi dos años han estado incubando y agigantando a Podemos, parecen ahora lanzados a una subasta a la baja sobre sus expectativas.

Raro es el día en que no aparece una columna o artículo intentando explicar el porqué de la súbita "inmersión" en las encuestas de opinión de quien hasta ayer aparecía como "emergente".

La subyugante y flamígera pujanza de Podemos y su cuadro de líderes surgidos de las conspiraciones asamblearias y departamentales de una Facultad universitaria (Iglesias, Monedero, Errejón, Bescansa, Alegre,...) parece ahora arrojada con gran volatilidad al fugaz pasto de las llamas de un rápido "usar y tirar".

Muchos arguyen que la razón ha sido el paso por la coalición de gobierno tras las últimas elecciones autonómicas y locales y las contradicciones de la Real Politik con la diatriba asamblearia... Otros, que ha sido la saturación de su propia palabrería. Otros, que los de Podemos se han comportado como una "nueva casta" allí donde han tocado una pizca de poder institucional, las antes llamadas "moquetas".

Lo cierto es que esos mismos medios que agigantaron a Podemos han sobrerreaccionado ante la contemplación de una seria perspectiva (mostrada durante un tiempo significativo en las encuestas) de que llegase a obtener un porcentaje significativo de votos y opciones de condicionar realmente la agenda política (y constitucional) y la acción del Gobierno de España.

Ese punto de inflexión se traduce en un giro de periscopio mediático de calado copernicano en favor de Ciudadanos, señalados al rebufo del laberinto catalán como una nueva aurora constitucionalista, ajena a toda tentación rupturista, y con cuadros tan aseados que parecieran reclutados en un casting.

La dinámica de causas y efectos del "auge y caída" de Podemos que versionan con variados enfoques tantas tribunas de opinión y comentarismo político, describe el hilo conductor del asombroso concurso de resonancias mediáticas y apoyos multifactoriales de que disfrutó Podemos mientras reverberarlo fue útil al efecto principal de deflactar a un PSOE al que se afeaba un pasado de "partido tradicional" e inhábil en consecuencia para pilotar nuevos cambios. Pero nos explica también la disolución de ese extraordinario blindaje de apoyaturas mediáticas a ese Podemos "emergente", en cuanto se vislumbró esa "emergencia" no como una novedad fácilmente controlable y reconducible sino como un factor de la ecuación del poder político real que haya de surgir de las próximas elecciones del 20-D a la vista del severo (y rotundamente merecido) derrumbamiento del PP que predicen todas las encuestas respecto de sus infladísimos resultados de 2011.

La clave politológica de la "misteriosa emergencia e inmersión" de Podemos reside precisamente en la política mediática.

La misma que pone de manifiesto que, a pesar del predicamento reputado de las redes sociales, sigue siendo determinante lo que digan o silencien los medios convencionales (especialmente la "prensa escrita", que no por decaer en tirada ha renunciado a su influencia en la conformación del imaginario colectivo y de la percepción que de la realidad nos hacemos, sincrónica y diacrónicamente, cada día y con luz larga).

En no pequeña medida, esa política mediática acunó y engrandeció las expectativas de Podemos. Y la retirada drástica y abrupta de esos apoyos ha "sumergido" al emergente.

Paralelamente, esa política mediática vive ahora una ostensible luna de miel con Ciudadanos, rayana a ratos y por barrios en la obsecuencia aduladora o en la lisa y llana cooperación propagandística.

Esa política mediática aduló un día a Rosa Díez y la convirtió no hace mucho en otro juguete roto de la política española, liquidando con ello lo que un día fueran prometedoras expectativas "regeneradoras" de UPyD, por más que la biografía política de su líder desmintiera aquella refabricación épica.

Esa política mediática desempeña, en consecuencia, un papel determinante tanto en la curva de "auge" y "caída" a Podemos en las encuestas como en la actual y muy inflada expectativa de Ciudadanos.

Ningún análisis de estos fenómenos podría ser lo bastante completo si ignoramos este dato a la hora de descifrar el polinomio el próximo 20-D.