Brexit… más cerca de UExit

Las elecciones británicas del pasado 7 de mayo han redefinido -y cómo- el paisaje político del Reino Unido, alimentando la hipótesis de un futuro desunido, más desunido que nunca. El factor clave de esta primera dimensión doméstica del análisis lo ha sido la distribución de los escaños escoceses en la Cámara de los Comunes: 56 de los 59 en juego han ido a parar a manos de candidatos del Scottish National Party, formación nacionalista actualmente en el Gobierno de Escocia bajo el liderazgo de su First Minister Nicola Sturgeon.

La consecuencia de esta revalidación del independentismo escocés es doble: de un lado, el hundimiento en clave nacional del Labour liderado por Ed Miliband (dimisionario al día siguiente), que pierde 48 asientos de una tacada en los Commons, poniendo así de manifiesto que sin su tradicional bastión de fuerza en Escocia (en donde, históricamente, cosechaba triunfos claros en elecciones generales) la alternativa laborista no tiene posibilidad de regresar a Downing Street. De otro, que el choque de trenes entre los secesionistas escoceses (acérrimos defensores del Estado social, con fuertes servicios sociales y garantía pública de sanidad y educación) y la mayoría tory (ahora crecida, absoluta, por lo que David Cameron no necesitará coaliciones), reforzada en su apuesta por el desmantelamiento de lo que todavía queda del “Welfare” de los años preThatcher, lejos de haberse desactivado, aparece nuevamente, más recrudecido aún que antes.

Corresponde a los comentaristas de la política británica diseccionar a partir de ahora la responsabilidad endógena del Partido Laborista en su fracaso a la hora de seducir, primero, y movilizar, después, a sus desencantadas bases electorales de antaño (no solamente en Escocia, sino en el conjunto de ese gran retablo multinacional que sigue siendo el R.U), escasamente impresionadas por el alegado “giro” a las originarias raíces izquierdistas que elevaron, con el decisivo apoyo de sus bases sindicales, hacia el liderazgo a Ed Miliband frente a sus competidores (su hermano David, entre ellos). Y toca también a los lectores de esa política interna predecir los efectos que la nueva hegemonía del nacionalismo escocés en los escaños en los Commons elegidos en Escocia deba tener sobre el conjunto del proceso político británico; particularmente, en lo que toca al impacto de la promesa de un nuevo status reforzado de autogobierno para Escocia. Recuérdese: esa promesa fue primeramente improvisada ante el temor del miedo al “sí” en el pasado referéndum sobre la independencia de Escocia, y luego fue abandonada y defraudada por el Gabinete Cameron. Queda por ver qué consecuencias concretas habrá de tener ese fraude a la hora de explicar los resultados en Escocia, y qué repercusión tendrá en los años venideros.
Pero no menor, sino, al menos, tan intenso, sino más, es y va a ser el calado de estas elecciones británicas en el delicadísimo estado de la Unión Europea.

En efecto, después de años de fracaso de la “austerity only policy” -y cuando finalmente, a expensas del giro en el BCE, el núcleo duro de la construcción europea comienza a reconsiderar su disparatada y contraproducente gestión de la “crisis del euro”- un gran país de la UE, el R.U, distinguido por su negativa a participar de la locomotora de las grandes políticas (su negativa a Schengen y su opting out frente al Espacio de Libertad, Seguridad y Justicia), y por su autoexclusión del euro (manteniendo su divisa histórica, la Sterling Pound), viene a revalidar con una mayoría reforzada a un Gobierno nacional que ha hecho bandera del ajuste de cuentas contra los restos maltrechos del modelo social, y por haber favorecido a la City y sus intereses financieros, habiendo disuelto como azucarillos la responsabilidad de los especuladores y grandes defraudadores en el verdadero origen de la crisis europea y practicado políticas singularmente implacables contra los trabajadores, contra los inmigrantes (incluidos los procedentes de otros Estados miembros de la propia UE), contra las clases medias-bajas empobrecidas y castigadas con más saña por quienes han dictado y timoneado el guion del manejo de la crisis, por duros que fueran sus estragos antisociales y su catastrófico balance en términos de ensanchamiento de todas las desigualdades.

Pero lo más determinante del impacto de las elecciones británicas sobre el rompecabezas paneuropeo en crisis reside, seguramente, en el relanzamiento de la verosimilitud de la amenaza de un Brexit, esto es, del abandono voluntario de la UE por parte del R.U.

Este y no otro, nada menos, es ahora el escenario después de que David Cameron haya obtenido un respaldo en las urnas subseguido por una mayoría absoluta en el Parlamento de Westminster. No en vano ha ganado de largo después de haber adquirido en campaña electoral dos compromisos explícitos sobre su futuro en Europa: uno, que no habrá tercer asalto suyo como candidato, y que este será, por tanto, su último mandato al frente del Gobierno británico; y otro, que, esta vez sí (lo había prometido ya en su primera campaña, posponiendo su cumplimiento a raíz de los acuerdos con los liberal-demócratas de su ex Deputy Primer Minister, el dimisionario Nick Clegg, otro gran derrotado en esta cita electoral), en este su segundo mandato como Prime Minister Cameron convocará un referéndum para que el pueblo británico decida su permanencia o salida de la UE.

En el debate existencial acerca del futuro inmediato de la construcción europea, Brexit lo rehace todo. Ya no se trata pues de Grexit, después de años de penalidades impuestas sobre los griegos y sádicos ejercicios del Eurogrupo contra los Gobiernos de Grecia (incluido el llamado “juego del gallina” por el que se ha distinguido la tensión con Varoufakis)… ni tan solamente de Grexit. Junto a Grexit, y ahora Brexit, hemos pasado a contemplar una hipótesis de Hungarnexit….a resultas del estilo groseramente antieuropeo del ejecutivo de Victor Orban en Hungría…En ese escenario, cada vez menos hipotético, de descomposición factorial europea en un entrecruzamiento de subconjuntos y círculos concéntricos, es una potencialmente nueva UE lo que está en juego.

Esa hipotética UE es, a mi juicio, peor UE que aquélla que teníamos derecho a ambicionar cuando, finalmente, tras una década entera de ciclo constituyente a escala suprananacional, entró en vigor el Tratado de Lisboa (TL, diciembre de 2009) como desembocadura del fallido Tratado Constitucional (2004), que recogía en lo esencial los contenidos materiales de éste: un nuevo TUE, el TFUE y, por fin, una genuina Carta de Derechos Fundamentales de la UE, el Bill of Rights paneuropeo.

La UE debe reaccionar. En su (hasta ahora fallido) liderazgo compartido, en sus instituciones, en sus espacios de debate, y en la conciencia activa y compromiso cívico de su ciudadanía. En breve: una de dos. O bien es capaz de aprovechar -tomándola “por asalto”, subiendo a bordo y tomando el timón del tren en marcha- esta “última oportunidad de los pequeños pasos” (tal como la he definido en ocasiones anteriores, parafraseando a Schuman) y sacudir su letárgico estado mental con un chute de activismo y de respuesta frente a las desoídas demandas de sus sectores sociales desfavorecidas por los “recortes” y “ajustes” y frente a la desesperanza y exilio de su juventud. O bien se hace a la idea y se “aclimata” a que “esta crisis” (repito: no habíamos sufrido jamás una crisis como ésta) se lleva por delante el proyecto de Europa y de la UE que hasta la fecha habíamos venido acunando… para parir el ratón de una nueva estación continental de desafecciones cruzadas, “centros” vs. “periferias”, “varias velocidades”… y EE.MM que, por fin, se aventuran a votar acerca de su “desenganche” del tren antes compartido.
Esa y no otra, nada menos, es la amenaza de Brexit que la victoria de Cameron en el R.U nos ha espetado a la cara de los restantes 27 EE.MM de la UE. Brexit… anuncio de UExit?

7 comentarios
  1. Costadamorte says:

    Le repito lo mismo que dije en el foro del artículo de “MARCELLO”…
    Mi visión general de las cosas es que se producirá no un cuatripartidismo, (o si lo hay será solo coyuntural y por breve plazo), lo que se avecina es una substitución de las élites, (y por tanto de los partidos), tanto en la izquierda, (primero), como en la derecha, (a continuación)…
    A partir de 2016 Podemos será hegemónico en la izquierda…, y a partir de las siguientes elecciones…, 2020?…, creo que antes!, Ciudadanos en la derecha…
    A fin de cuentas eso paso ya hace 40 años…, cuando el PSOE consiguió en el 77 la hegemonía de la izquierda que durante el franquismo tenía el PCE, y el PP en el 83 la derecha que desde la proclamación de la monarquía detentó la UCD como verdadera heredera de la administración franquista con una visión realista de la situación…

  2. Lucyinthe Sky says:

    Pues yo todavía no sé qué es lo que aportaría Ciudadanos para solucionar los problemas de España. Porqué Ciudadanos es distinta al PP y al PSOE? Va a gestionar de manera distinta y original la pobreza resultante del tratado TTIP?
    Yo nada más que veo comercios y fábricas españolas cerrando, y bazares chinos abriendo.
    Qué va a hacer Ciudadanos sobre esto?

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