Sánchez desprecia a Feijóo y concede a Marruecos regalos de soberanía como a UP, ERC, PNV y Bildu

El deterioro económico de la inflación pone en jaque electoral al PSOE y obliga a Sánchez a renovar sus alianzas con el grupo Frankenstein

SAHARA- sanchez

SAHARA- sanchez

La entrevista de Pedro Sánchez con el nuevo líder del PP Alberto Núñez Feijóo en La Moncloa, donde el presidente ha tratado con displicencia y desprecio al líder de la Oposición y sus propuestas de bajada de impuestos en contra de la inflación, ha sido en la semana que se acaba, el contrapunto frente a la muy obsequiosa visita del presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, al Rey Mohamed VI de Marruecos en Rabat.

El encuentro donde Pedro Sánchez confirmó el apoyo de España al control de la soberanía del Sáhara Occidental a Marruecos a cambio de una simple ‘normalización’ de las relaciones bilaterales entre ambos países y la reapertura de las fronteras tal y como se explica en un comunicado conjunto hispano marroquí donde no se incluye mención alguna a Ceuta y Melilla por imposición de Rabat.

Y todo ello con celebración de una opulenta cena de ruptura del Ramadán   en el palacio real de Rabat desde Sánchez y su ministro Albares se sentaron con la familia real de Mohamed VI, lo que se considera un gesto positivo del monarca alauita frente a la enésima de las renuncias de Sánchez en materia de soberanía. Esta vez de la soberanía del Sáhara, donde España tiene una responsabilidad histórica, y en contra de la posición mayoritaria de todas las fuerzas políticas españolas, salvo el PSOE.

Sánchez ha exhibido en Marruecos el mismo modelo de pago en soberanía que suele aplicar en la política nacional para permanecer en el poder con sus socios de Gobierno y los aliados de la investidura.

Todos los que, como Mohamed VI, utilizan el chantaje contra España como una eficaz arma para obtener concesiones. A sabiendas de que Sánchez se allanará y pagará en soberanía, con regalos de infamia como indultos a los golpistas catalanes y ‘sueltas’ de presos de ETA, o acercamiento entre País Vasco y Navarra, y por supuesto con ‘regalos’ económicos añadidos a los gobiernos autonómicos que le son afines, con fondos públicos de los PGE y de la UE.

La inflación da un vuelco a las encuestas

Sánchez, pues, continúa pagando, puntual y religiosamente a quienes lo sostienen en el poder, el simbólico alquiler del Palacio de la Moncloa. Y está convencido de que mientras mantenga esas alianzas no tendrá problemas para seguir en el poder una vez que se celebren las próximas elecciones generales. Y mientras, con el mayor descaro, pide al PP ‘pactos de Estado’ que desde luego Sánchez no quiere y sus aliados no le consentirán.

Y es en esta tesitura cuando ha aparecido -tras la conspiración en contra de Pablo Casado que inició Ayuso y remató Feijóo- el nuevo liderazgo de PP y el malestar amplio y generalizado en las bases sociales del país por causa de la crisis económica y la inflación. Lo que ya está provocando una caída importante de las expectativas del PSOE en las encuestas y en beneficio del PP.

Y ello a pesar de que Feijóo ha dado muestras de bastante debilidad en su encuentro con Sánchez, donde nada logró para su propuesta de recorte de impuestos, y donde si aceptó la reapertura de negociaciones con el PSOE para la renovación del TC y del Poder Judicial.

Un Feijóo empeñado en presentarse como ‘moderado’ para atraer a los votantes en fuga de Cs y algunos votantes del PSOE, pero que carece de firmeza frente a Vox, con quien este lunes pactará el gobierno de Castilla y León. Que es lo mismo que puede ocurrir en junio en Andalucía si Juanma Moreno confirma el adelanto electoral, para sacar ventaja del duro impacto social de la inflación en el territorio andaluz.

Lo que Moreno considera que le beneficiará y permitirá gobernar en solitaria minoría porque la izquierda no sumará para derrocarlo y su investidura no será impedida salvo que el PSOE andaluz de Juan Espadas pacte con el Vox  de Macarena Olona contra Moreno lo que tendría un claro impacto nacional.

No en vano en la última encuesta de la Junta de Andalucía el PP lograría 43-44 escaños (necesita 55 para gobernar), PSOE 30-31, UP 10 y Cs 2.

Sin embargo dos últimas encuestas a nivel nacional (GAD3 y Metroscopia), realizadas tras le llegada de Feijóo al liderazgo del PP y poco después de las movilizaciones sociales de los camioneros, los agricultores y los pescadores,  anuncian una recuperación del PP, que se aproxima al 30 % de intención de voto. Mientras que el PSOE se quedaría en un 25 %, lo que por bloques le daría al PP la posibilidad, muy ajustada, de gobernar con Vox frente al pacto Frankenstein que Sánchez intentaría renovar.

Con dos elementos importantes a tener en cuenta en Cs y en UP. Como es el hecho imparable del fin de Cs, por su disolución o integración, en el PP. Lo que podrían forzar Begoña Villacís en Madrid (que sueña ser alcaldesa tras el desastre de Almeida) pasándose al PP, y Juan Marin en Andalucía, si Inés Arrimadas insiste en no pactar con Feijóo y en hundir ella sola lo poco que queda de Cs.

También en UP existen problemas internos porque Pablo Iglesias ya se ha lanzado en tromba contra Yolanda Díaz diciendo que se equivocó cuando la ‘nombro’ su sucesora y que debió de haber sometido el liderazgo de UP a unas ‘primarias’.

Una Yolanda Díaz que no acaba de relanzar su anunciada ‘plataforma’ para un frente de la izquierda radical, que sigue siendo la más valorada en todas las encuestas nacionales y que ha aparecido en un mitin con Íñigo Errejón, lo que ha indignado a Iglesias y desconcertó a Belarra, Montero y Echenique. Los dirigentes de UP que no saben qué hacer mientras su partido cae en las encuestas y apenas llega a un 10 % de intención de voto.

Así están las cosas al día de hoy pero sometido todo ello a una gigantesca incertidumbre que se deriva de la guerra de Ucrania y de la crisis global de la energía y su impacto directo -especialmente en España- en la vida social.

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