Ómicron, los indultos, la inflación y Ceuta marcaron el negro año 2021 que Pedro Sánchez mal gestionó

La vacunación y el empleo mejoraron mientras el PP de Casado sufrió la rebelión de Ayuso y Cs inició su final y en UP se fue Iglesias y llegó Diaz.

Sánchez 2021

Sesión de control al Gobierno en el Senado

Sánchez 2021En su balance de fin de año el presidente Sánchez ocultó los que han sido sus cuatro grandes fracasos y grandes temas que han marcado la política española en 2021: la variante Ómicron del COVID-19 que ha batido récord de contagios nacionales aunque con menor intensidad: los indultos a golpistas catalanes contra el sentir mayoritario de los españoles; la subida imparable de la inflación que llegó al 6,7 % en diciembre y empeora las expectativas de 2022; y la invasión de Ceuta por una turba marroquí, con niños incluidos, lanzada por el gobierno de Mohamed VI.

En el haber de la gestión del Gobierno figura la vacunación masiva de 38 millones de españoles, los 20 millones de empleados y la llegada de los primeros 10.000 millones de los fondos de la UE, además de aprobar los PGE de 2022 que garantizan a Sánchez la legislatura y de logra un pacto para la reforma laboral, entre sindicatos y CEOE, pendiente de ratificación en el Congreso.

Del lado de la Oposición destacan: la amplia victoria del PP en Madrid, que ha dado pie a la rebelión de Isabel Ayuso contra Pablo Casado y el anuncio de adelanto electoral en Castilla León al que probablemente le seguirá otro en Andalucía; y el fracaso de Cs en Cataluña, Madrid y Murcia camino de su autodestrucción; y en UP la salida de Pablo Iglesias del Gobierno y de la política y la llegada de Yolanda Díaz al liderazgo de la izquierda radical.  Y a todo ello hay que añadir la continuidad del ‘destierro’ forzado del Rey emérito Juan Carlos I en Abu Dabi por segundo año consecutivo, y la salida por dimisión de Iván Redondo, el hombre fuerte del Gobierno de Sánchez.

Sánchez apuntala la legislatura

Sánchez acaba este 2021 con unos PGE bajo el brazo, los segundos de su mandato, unas cuentas que le garantizan agotar la legislatura hasta 2023 o a menos dejan en sus manos la potestad de adelantar las elecciones si lo considera conveniente. Tanto el PSOE como Unidas Podemos asumen que éstos serán los últimos Presupuestos de la legislatura, lo que indica que serán prorrogados para 2023, a la espera de ver cómo evolucionan los continuos choques entre los socios de la coalición, tensiones que posiblemente vayan a más en cuanto aparezcan en el horizonte las citas electorales del año que viene, Castilla y León y Andalucía.

El camino para aprobar sus segundos PGE no ha sido un camino de rosas y ha hecho sudar al Ejecutivo en las negociaciones con sus socios parlamentarios. Especialmente con ERC, cuya oposición quedó despejada tras un acuerdo con el Gobierno sobre el tratamiento del catalán y las demás lenguas cooficiales en la futura Ley Audiovisual. Pese a ello, los PGE se hicieron esperar y no pudieron ser aprobados como pretendía Sánchez antes de Navidad, sino días después, el 28 de diciembre. Aunque el Gobierno logró frenar con su veto una enmienda que reclamaba la bajada del IVA a las peluquerías, una propuesta de Compromís sobre las lenguas minoritarias, apoyada por sorpresa por el PP, devolvió las cuentas al Congreso y amargó la Navidad al Ejecutivo.

Pese a ello, las cuentas quedaron aprobadas en tiempo y forma para su entrada en vigor este 1 de enero. Además el Gobierno cierra el año con dos grandes reformas, la reforma laboral y la de las pensiones, dos de sus principales compromisos con Bruselas a cambio de los fondos europeos. Precisamente, España fue el primer país en presentar a Bruselas su plan de recuperación, el primero en recibir el visto bueno de la UE, el primero en recibir el primer desembolso de ayudas (10.000 millones que se suman a los 9.000 recibidos en verano en concepto de prefinanciación) y en firmar el protocolo de controles y el itinerario de reformas e inversiones. Está previsto que España reciba hasta 2026 un total de 70.000 millones en subvenciones directas, a los que se sumarán otro tanto de millones en forma de créditos a devolver.

Sin embargo, todos los organismos internacionales como el FMI o la OCDE rebajan las previsiones del crecimiento económico proyectadas por el Gobierno de Sánchez. A lo que hay que añadir la subida imparable de la inflación que llegó al 6,7 % en diciembre y empeora las expectativas de 2022.

El presidente del Gobierno ha tenido que sortear un difícil año marcado aún la pandemia. Pese a contar como principal aliado con el éxito de la campaña masiva de vacunación, la llegada de la variante Ómicron llevó este diciembre los contagios a cifras récord nunca vistas en toda en la pandemia. Un 2021 complicado pese al precario equilibro con sus socios dentro y fuera del Gobierno. Y es que los choques con Unidas Podemos han sido constantes un año más en cuestiones como la subida del SMI, la Ley Mordaza, la Ley de la Vivienda, la reforma laboral, la reforma de las pensiones... Aunque en un principio la salida de Pablo Iglesias del Ejecutivo de Sánchez pareció suavizar las relaciones entre los socios, la proyección de Yolanda Díaz y su proyecto político amenaza con avivar las tensiones en la coalición.

Sucesivas remodelaciones del Consejo de Ministros

En el año que se acaba Sánchez ha tenido que acometer varias remodelaciones de su Gobierno. El primero en dejar el Gobierno fue el ministro de Sanidad, Salvador Illa, para concurrir como cabeza de lista por el PSC a las elecciones catalanas del 14 de febrero, que ganó, aunque no pudo gobernar por el pacto de ERC con Junts. Le sustituyó en Sanidad Carolina Darias.

Dos meses después salía también el vicepresidente segundo y ministro de Derechos Sociales y Agenda 2030, Pablo Iglesias, para concurrir a las elecciones a la Comunidad de Madrid que se celebraron en mayo. Tras los malos resultados cosechados en estos comicios, Iglesias también dejó la secretaría general de su partido. Le sustituyó como vicepresidenta tercera, en aquel momento, la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, que después ascendería a vicepresidenta segunda en la remodelación de julio. Ione Belarra asumió la cartera ministerial de Derechos Sociales que también dejaba vacante Iglesias.

La mayor remodelación tuvo lugar en julio cuando Sánchez cambió hasta siete ministros saliendo del Gobierno pesos pesados como Carmen Calvo o José Luis Ábalos, además de su hasta entonces jefe de Gabinete, Iván Redondo. Esta crisis de Gobierno supuso el ascenso de Nadia Calviño a vicepresidenta primera y de Félix Bolaños a ministro de la Presidencia y la llegada de nuevas caras al Ejecutivo, la mayoría de las cuales siguen siendo grandes desconocidas para la sociedad española por su escaso protagonismo. La dimisión de Manuel Castells este mes de diciembre por motivos de salud fue el último cambio en el Consejo de Ministros, siendo sustituido por Joan Subirats, el 'mentor' de Ada Colau.

Indultos, subida de la luz y crisis con Marruecos

Otra de las noticias que marcó la agenda política este año fue la concesión de los nueve indultos a los políticos presos por el procés, una decisión adoptada en el Consejo de Ministros del 22 de junio. El Gobierno de Sánchez justificó la medida de gracia en la necesidad de abrir una nueva etapa de diálogo para dar una respuesta al conflicto político en Cataluña tras años de confrontación y enquistamiento en las negociaciones entre el Gobierno central y la Generalitat.

La factura de la luz ha sido uno de los grandes quebraderos de cabeza del Ejecutivo tras encadenar en las últimas semanas récords consecutivos en una escalada de precios sin precedentes que comenzó el pasado 1 de junio y que ha situado a diciembre como el mes más caro de la historia, acercándose a la barrera de los 400 euros por MWh. Solo a través de un cálculo 'trampeado' el Gobierno justifica que se cumplirá la promesa de Sánchez de que el promedio del conjunto de los hogares españoles pagará por la electricidad en 2021 lo mismo que en 2018 una vez descontado el IPC.

La asistencia sanitaria en España al líder del Frente Polisario, Brahim Gali, que en abril fue ingresado en un hospital de Logroño por COVID desató una de las mayores crisis diplomáticas entre España y Marruecos en décadas, a la que se sumó la represalia de Rabat en forma de una avalancha de inmigrantes irregulares que llegaron a Ceuta a través de la frontera marroquí, y ante la pasividad de las fuerzas de seguridad marroquíes. Un 'ataque híbrido' en toda regla replicado meses después por Bielorrusia en la frontera con Polonia.

Ayuso, oposición a Sánchez y también a Casado

El líder de la oposición, Pablo Casado, encaró este año con todo a su favor en su camino a la Moncloa. El desgaste del Gobierno de Sánchez por la crisis económica, social y sanitaria era terreno abonado para apuntalar el crecimiento que auguraban todas las encuestas, salvo el CIS. Sin embargo, en las últimas semanas, el PP ha visto cómo retrocedía en algunos de los sondeos privados que le auguraban una mayoría absoluta junto a Vox debido a un desafío inesperado: Isabel Díaz Ayuso.

Pese a ser una apuesta personal de Casado, la presidenta madrileña ha volado sola este año. Si Ayuso se erigió ya el año pasado como la verdadera oposición al Gobierno de Sánchez, su arrolladora victoria en las elecciones de mayo gracias a su singular gestión de la pandemia, su estrategia de bares abiertos y haciendo bandera de la libertad en un clima de restricciones, le ha llevado a trasladar su estrategia de confrontación a las puertas de Génova y a poner a prueba el liderazgo de Casado.

Pese a que ha negado en varias ocasiones su salto a la política nacional, los choques entre la dirección nacional del PP y la Puerta del Sol han sido una constante desde que Ayuso anunciara su decisión de liderar el PP de Madrid. La negativa de Génova a adelantar el congreso regional provocó un cisma entre Casado y Ayuso, desatando continuas provocaciones y deslealtades por parte de la presidenta madrileña. Una guerra a la que se sumaron la expresidenta madrileña, Esperanza Aguirre, que criticó a los "chiquilicuatres y los niñatos" de Génova, y la exportavoz parlamentaria Cayetana Álvarez de Toledo, que calificó en su libro a Casado de "veleta" y "bienqueda" con miedo.

Pese a una tregua entre ambos bandos en la Convención Nacional del PP, que se celebró del 27 de septiembre al 3 de octubre, Ayuso volvió a la carga en el Congreso del PP de Andalucía del pasado noviembre, donde la líder madrileña recomendó al presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, que volara "libre" porque "sólo se desgasta el que se comporta como una marioneta". Casado, que hasta entonces había intentado sortear el cara a cara, enarboló un 'basta ya' cuando sostuvo que en el partido no cabían los personalismos.

Sin embargo, pese al aviso de Casado las aguas siguen sin estar en calma como se demostró el pasado 1 de diciembre cuando el líder del PP y Díaz Ayuso coincidieron por primera vez en público en 40 días durante la presentación del libro de Rajoy, un incomodo reencuentro con 'cobra incluida' donde fueron incapaces de disimular la tensión. Y es que el choque entre Génova y Sol ha llegado hasta cuestiones tan surrealistas como la cancelación por parte de la dirección nacional del PP de las cenas navideñas del partido a causa del incremento de contagios. Una decisión que la propia Ayuso calificó de un ataque a la política sanitaria de su Gobierno aunque finalmente la asumió a regañadientes porque "donde manda patrón, no manda marinero".

Entre tanto, Casado ha endurecido su oposición contra el Ejecutivo de Sánchez para demostrar el peso de su liderazgo y la consigna desde Génova es subir el tono, aunque fuentes internas lo vinculan al pulso que mantiene con Ayuso. Entre las múltiples lecturas, hay quien cree que queda en evidencia la debilidad del líder, temeroso ante la popularidad de Ayuso, y quien sostiene en cambio que Casado debe mantener su firmeza frente al desafío lanzado por la presidenta.

Yolanda Díaz, la esperanza de la izquierda

La otra protagonista política del año ha sido sin lugar a dudas Yolanda Díaz. La vicepresidenta segunda del Gobierno parece perfilarse como una rival potente para Sánchez si es que finalmente asume el reto de encabezar una candidatura unitaria a la izquierda del PSOE. La líder más valorada en el CIS no ha escondido además su aspiración de que su frente amplio busque pescar apoyos en el caladero socialista con un proyecto transversal que trascienda lo que ella considera una "esquinita marginal".

La ministra de Trabajo acaba el año con la aprobación de la reforma laboral tras alcanzar un acuerdo con la patronal y los sindicatos, la primera reforma pactada con los agentes sociales en 15 años. Una negociación en la que se las tuvo que ver con su compañera del Consejo de Ministros Nadia Calviño, a la que Unidas Podemos llegó a acusar de "injerencia", lo que desembocó en una crisis interna de Gobierno que obligó a Sánchez a intervenir y a firmar un acuerdo con sus socios. Aunque está por ver si la reforma laboral será convalidada en el Congreso tras el rechazo anunciado por socios del Gobierno como ERC, Bildu o el PNV.

Mientras Díaz sigue sin despejar la incógnita de si finalmente dará el paso para encabezar una candidatura unitaria de la izquierda. Un frente amplio que de momento solo se ha plasmado en un par de encuentros en Valencia y Barcelona con otras líderes como Mónica Oltra, Mónica Díaz, Ada Colau y Fatima Hamed Hossain. Dos cumbres en las que por cierto quedaron excluidas dos de las líderes de Podemos, Ione Belarra e Irene Montero.

Y es que la salida de Iglesias el pasado mayo supuso un verdadero terremoto en la formación tras designar a dedo una suerte de bicefalia con Yolanda Díaz como líder de Unidas Podemos e Ione Belarra al frente del partido morado, puesto que consolidó en las primarias con menos participación de su historia. Eclipsada por la figura de Díaz, Belarra no ha sido capaz de asumir el protagonismo ni el liderazgo de su antecesor al frente de la secretaría general de Podemos.

Pese a una inicial confrontación con Díaz, Podemos ha cerrado filas en torno a la ministra de Trabajo, consciente de que su supervivencia pasa por el éxito de su proyecto ante la caída de escaños que auguran todas las encuestas a la formación morada tras su descalabro en las elecciones de Madrid y su falta de proyecto territorial tras años de centralismo impuesto desde la dirección que encabezaba Iglesias. Sin embargo, todavía es una incógnita el peso que tendrá la formación morada en ese frente amplio.

La desintegración de Cs y el auge de Vox

2021 fue también el año de la implosión de Ciudadanos. En las elecciones de Cataluña del pasado febrero dilapidó su victoria histórica de 2017 pasando de ser la primera fuerza con 36 escaños a la séptima con apenas seis diputados.

Pese a este batacazo histórico lo peor estaba por venir. Al desastre catalán que tensionó al partido se le sumó la moción de censura de PSOE y Cs en la Región de Murcia, que pretendía asentar un nuevo golpe al PP, pero que resultó fallida y se volvió en contra de sus proponentes. Y es que la fallida moción tuvo un efecto dominó en la Madrid, donde Ayuso, cuya relación con su vicepresidente Ignacio Aguado estaba muy deteriorada, vio la oportunidad de deshacerse de un socio incómodo. Bajo el argumento de que la formación naranja le presentaría también una moción, la presidenta madrileña convocó unas elecciones anticipadas en las que arrasó con 65 escaños –a cuatro de la mayoría absoluta– y 35 más que en 2019. Ciudadanos desapareció de la Asamblea de Madrid al no superar el 5% de los sufragios pasando de 26 a cero escaños.

La ausencia de autocrítica y de asunción de responsabilidades por parte de la dirección de  Arrimadas por los sucesivos batacazos cada vez que se abrían las urnas, así como el fracaso de la fallida moción de Murcia y sus consecuencias, desató una ola de deserciones y fugas de cargos y afiliados del partido naranja a las filas del PP, entre ellas la de Toni Cantó quien concurrió en las listas de Ayuso impuesto por Génova. El fantasma de otra moción de censura volvió a agitarse este mes de diciembre cuando el presidente de Castilla y León expulsó a todos los consejeros de Cs de su Ejecutivo y convocó elecciones para el próximo 13 de febrero, dejando al partido naranja con Andalucía como único gobierno regional del que forma parte.

Tras este 'annus horribilis', Arrimadas llegó a renegar de los acuerdos alcanzados en 2019 por su predecesor, Albert Rivera, al señala que fue un "error" haber "regalo" cuatro gobiernos autonómicos a los populares. Así las cosas, las próximas citas de Castilla y León y Andalucía serán la prueba de fuego de la formación naranja para revertir la mayor parte de las encuestas que auguran su extinción en las próximas generales, donde con suerte solo retendría un escaño.

Uno de los grandes beneficiados por la implosión de Cs ha sido Vox, quien también saca provecho del pulso entre Casado y Ayuso. La mayor parte de las encuestas auguran el avance de los de Santiago Abascal en al menos diez escaños más de los 52 que tiene actualmente en el Congreso y llave de la Moncloa al sumar o acercarse a la mayoría absoluta con el PP. Lo mismo sucede en los próximos comicios de Andalucía y Castilla y León, donde Vox tendrá que decidir si por fin se decide a entrar a formar parte de los gobiernos que apoya con sus votos.

Los de Abascal han logrado además este año dos de los grandes varapalos al Gobierno de Sánchez tras tumbar el Tribunal Constitucional los dos estados de alarma por la pandemia, así como el cierre del Congreso decretado por Batet.

 Se despeja la situación judicial del Rey emérito

El Rey emérito, del que Felipe VI no hizo mención alguna en su discurso de Navidad, continuó este año en Abu Dabi, donde se instaló en agosto de 2020. Sin embargo, este año su situación judicial ha comenzado a despejarse y con ello su próximo regreso a España. El cierre de la investigación de la Fiscalía en Suiza sobre la procedencia de los 65 millones de euros que el Rey emérito le cedió a Corinna Larsen conllevará el próximo archivo de las tres diligencias que permanecen abiertas en la Fiscalía del Tribunal Supremo.

El único frente que quedaría abierto sería la demanda civil de Corinna por acoso, seguimiento ilegal y difamación, ante un tribunal de Londres, donde primero se debe dirimir si Juan Carlos I goza de inmunidad o no para poder ser juzgado por la justicia inglesa.

rey emérito

El Gobierno de Sánchez ha delegado en Felipe VI la decisión sobre el retorno del emérito mientras se multiplica el cruce de reproches entre quienes exigen que se desagravie su figura y los que reclaman que rinda cuentas, entre ellos, Unidas Podemos, socios del PSOE en el Ejecutivo de coalición.

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